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miércoles, 24 de junio de 2015

Desearía que....

Desearía que tuvieras el motivo de la sonrisa eterna de tu rostro.
Desearía conocer la causa de tu dolor, tu ira, tu enojo, tu risa, tu
locura, tu felicidad.
Desearía que hicieras las cosas más tontas, complejas y eruditas de la vida.
Desearía ver tu reflejo en la ventana, en esos días de lluvia.
Desearía tomarte de la mano cuando ya sea la última respiración.
Desearía unir todos los recuerdos a tu ser, presencia y espíritu.
Desearía ser la orilla más cercana cuando naufragues.
Desearía que estuvieras en el mar... Desearía el atardecer.
Desearía que pudieras saborear la miel, la sal y el café.
Desearía que la cometa aun siguiera volando en el verano.
Desearía que la montaña de libros fuera mas alta que tu copete negro.
Desearía verte desfilar por donde los héroes innatos pasan.
Desearía simplemente sentir de nuevo la idea esperanzadora de
construir un mundo diferente.
Desearía conocer la excusa para despertar cada mañana.
Desearía ver tu sombrero, tu caminar en la playa.
Desearía que pudieras ver el mundo. Que veas la luna, sientas el sol y
el viento toque de nuevo tu piel.
Desearía tanto que estuvieras aquí y cautivar a todos los que te llegaran a conocer.
El tiempo es corto, efímero y tirano. Haces falta. Mucha.
Sí, es tonto decirlo, pero no sentirlo. ¿Cómo no desearlo?
En una nube, en el agua, en la tierra. Tu ser. Tu vida. Tu todo. Ahí.
En todo.
Palabras.... Sentimientos.... Verdades.

En tu honor. Que el universo sea contigo. Siempre.

NMRQ 24-06-2012.

viernes, 5 de abril de 2013

Sueño con ella.


Han pasado 9 meses de tu partida. Nunca había soñado con ella. Lo quise, pero no sucedió. Hasta ahora. A veces las personas creen que cuando uno sueña con alguien que se ha muerto, es porque ha ascendido al cielo. Como si fuera una despedida. Como si ya se hubieran dado cuenta de que han muerto. Tal vez a penas te estés dando cuenta de que has muerto. Pues dormías cuando dejaste tu cuerpo inerte en la sala del hospital. Parece irreal tu muerte, por eso cuando te vi en mi sueño, parada a mi lado con un suéter rojo de arabescos azules, un vaquero azul y unos mocasines de gamuza como los que yo tengo, no podía salir del asombro. Eras tú. Mi querida amiga. Tenías el cabello enmarañado y atado a un cintilla delgada, luciendo como una mujer de los años treinta, muy encopetada. Yo no recuerdo como estaba vestido, solo me veía las mangas azules que cubrían mis brazos. Me sonreíste con esa sonrisa que anhelaría ver de nuevo, tomaste mi mano y con afán me arrastraste. Decías que debíamos llegar de inmediato. ¿A dónde vamos? Te pregunte aún en medio del asombro. Debemos ir a la Javeriana, dijiste casi gritándome. ¿A la Javeriana? Y a que vamos a ir a la Javeriana? me cuestione. ¿Me vas a acompañar o no? Ya cruzada de manos y algo seria. Pero es que… lo que sucede es que… Oye, tú estás muerta. Se lo solté sin tabúes. Era cierto y real. Ella lo estaba. ¡Hombre, que no estoy muerta! Y vamos a llegar tarde a la Javeriana. Pero escúchame, yo sé que lo estás. Estas muerta. Que no estoy muerta, te reíste y de nuevo sujetaste mi mano. Yo fui a visitarte antes de que murieras, estabas muy delgada y enferma, al menos te vi antes de que… ¡Que no! Que no estoy muerta. ¿Quién te dijo eso? Es que yo te vi, yo sé que estas en la cripta, comencé a explicarle ya con incredulidad y miedo. Estas al lado de mis bisabuelos, del tío Enrique, del tío Jaime, de la tía Ernestina y del abuelo Rafael. Tú estás en medio de ellos. Cuando baje a la cripta les encargue que te cuidaran, en especial a la bisabuela Consolación, para que te consolara cuando estuvieras llorando. Ella no me creyó. Deja de decir esas bobadas Jorge y camina rápido que vamos a llegar tarde a la Javeriana. Bueno, te acompaño, pero tu estas muerta. Tienes que saberlo. Mejor corre que llegaremos tarde por tu culpa. Bueno…
Y los dos nos fuimos corriendo rumbo a la Javeriana. Como aquella tarde de Junio en que a tu lado corrí por la plaza Santander de la Universidad Nacional. Tu a tus clases y yo a mi exposición de neurología. Allí me despedí de ti. Te vería al día siguiente para bailar. Pero ese día nunca llegó. Ahora seguiré recordando ese instante en que casi te ahorco cuando te vi, aquella tarde en que te hable, en esa tarde en que nos reímos, en esa tarde en que te dije adiós. Un adiós que no pensé que sería para siempre.
Con todo mi cariño para ella, aunque la analogía sea tan obvia, siempre en el corazón. Por siempre.