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domingo, 31 de mayo de 2020

Trans-bambalinas.

Una noche querendona, trasnochadora y morena cuando era interno de trauma en el gran hospital de la carrera cuarta, una mujer interrumpió en la sala, dejando la huella de su mano ensangrentada como símbolo de su paso mortal. “Me hirieron” gritó la mujer. Yo era el interno mayor así que era mi responsabilidad revisarla y dar aviso al cirujano de turno en caso de ser necesario. La mujer tenía una herida penetrante sobre el hombro izquierdo, muy cerca del territorio de la arteria subclavia. Sangrada a borbotones y con cada inhalación dolorosa se evidencia la angustia por su vida. Mientras informaba al cirujano sobre el caso, el guardia del hospital, como protocolo institucional, le pregunta sus datos a la recién llegada. Escuché su conversación, anotó el nombre para abrir la historia clínica y cerca de ellos y equidistante a mí se hacía también una charla entre los estudiantes de otra facultad quienes susurraban que la mujer había robado a uno de ellos unas noches atrás. Un “se lo merece” acompañado de algunos adjetivos propios de la ira, se escucharon. Es que a veces a los médicos se nos da por ser jueces y empezar a juzgar los actos de los pacientes que sin duda alguna no tienen ningún objetivo clínico y rebasa nuestro deber y hacer. 


Recuerdo el nombre que la mujer me dijo, Vanessa. Una mujer alta, de cabello cobre mal implantado, de ojos fuertes, con un pecho abundante, manos poderosas y piel sudorosa con góticas que se mezclaba con el maquillaje y la sangre de su herida que salpicaban su ser como la lluvia en el cristal tras la huida azarosa desde la carrera 7 hasta la 4. Sentada en el aséptico lugar, con el temblor en sus dedos, el susto en la boca y la mirada temerosa, me dio su cédula y puede leer su verdadero nombre, su edad, su sexo y la foto que se tomó a sus 18 años. “¿Como quiere que la llame?” Le pregunté. “Vanessa. Ese es mi nombre”. Dijo con orgullo y se calló abruptamente cuando sus congéneres la miraron con un recelo vaginal. El cirujano llegó y la examinó primero con la mirada inquisidora y luego con la mirada médica, ordenó una radiografía y solicitó ingresarla al quirófano. A pesar de no estar en un estado de emergencia y el colapsó de los quirófanos por cirugías atrasadas, a la mujer le tocó esperar su turno. A Vanessa le ayudamos a desvestir, le ayudamos a retirar su cabello, sus implantes mamarios, un vestido negro, le lavamos la cara y quitamos el barniz rojo de las uñas. Se quedó en un calzón de corazones cubierta por un traje azul para cirugía, nuevamente chuzada pero esta vez para poner suero y analgésico. Había entrado como una mujer herida y ahora en la camilla se veía a un hombre asustado, absorto por tantos temores y a punto de ser llevado a cirugía. En la historia clínica quedó el nombre con que sus padres lo registraron, el nombre que aparece en su diploma de colegio, el que lleva en su cédula y con el que no se identifica, pues el nombre de Carlos seguramente le trae tantos recuerdos de una adolescencia triste, solitaria y discriminada por su hablar y sus ademanes femeninos. Los insultos que un día le hicieron llorar hoy le hacen sentirse orgullosa de si misma y de su glamoroso nuevo nombre que dice a sus clientes nocturnos que buscan un momento de amor. Vanessa, una mujer trans trabajadora sexual en las calles del centro de Pereira.

Vanessa salió del quirófano con una sutura en su hombre y vendajes blancos como su tez, sin complicaciones en su paso por el bisturí. Pero lo terrible de la noche aún empezaba pues el cirujano indicó “dejarle en observación”, dejarle! Incluyente pero sin género, sin sexo, sin pene, sin vagina, sin Vanessa, sin Carlos. Sabiendo que Vanessa se identificaba como una mujer y yo reconociendo que una mujer trans es una mujer real, seguía redactando la historia en femenino, desde su ingreso a trauma hasta las órdenes de observación. Así que antes de guardar la historia clínica para hacer efectiva las órdenes, me acerqué a ella nuevamente y le pregunté en qué sala quería estar. Sala de hombres o sala de mujeres. Su voz triste increpó a mi pregunta, como si fuera una ofensa, como si nos conociéramos desde el colegio: “Yo soy una mujer”. Y antes de dar guardar, la deje en sala de Observación de Mujeres. 

En los hospitales no hay nada más peligroso que un chisme, el chisme se esparce logaritmicamente y no respeta los servicios médicos, así que al dar “guardar” a la historia clínica de Vanessa, las jefes de enfermería llegaron como buitres tras la carroña. El grupo protestante femenino compuesto de enfermeras e internas se formó al rededor del escritorio, discutiendo sobre el porvenir de Vanessa. “Es un hombre! No es mujer! Que van a decir las demás pacientes cuando la vean entrar al baño! Los hombres se van a burlar de él! Un hombre no puede estar en la sala de mujeres.” Estigmas, prejuicios, acusaciones peyorativas y discriminatorias iban y venían y Vanessa detrás de las protestantes, observaba con terror y sentía cada frase como una puñalada. Discutimos acaloradamente, pero al final les dije: Vanessa es una mujer y se queda en la sala de mujeres. Sabía que era lo correcto, sabía que la ley la respaldaba a ella, sabía que una mujer trans es una mujer y de eso no me cansaré jamás de repetirlo. 

Vanessa fue llevada a la sala de mujeres, se trató como una mujer, en las historias se puso mujer trans y por un instante esta mujer pudo sentirse como lo que es, una mujer real. Ese día aprendí que mi condición de hombre y de médico no puede vulnerar la identidad de una persona, que la re-victimización la puede hacer hasta el más educado y que cumplir la ley y hacer feliz a alguien no es cuestión de género. 

Las mujeres trans son mujeres reales, no hay discusiones. La identidad de género que debería ser una enseñanza básica para cualquier persona, evitaría tener discusiones que lastimen otra vez y más a tan vulnerada vida de un hombre o de una mujer trans, porque el ser hombre o ser mujer va más allá de tener un pene, una vagina o un útero, ser XX o XY, usar o no falda, maquillarse o sentir deseo sexual por su mismo género.  Vanessa como otras mujeres trans son violadas, son atacadas, son humilladas, son discriminadas, son llevadas a un mundo de hampa y algunas tienen que recurrir al trabajo sexual que las hace vulnerables a maltrato, abuso, enfermedades y asesinato. El estigma social contra este colectivo es impresionante y bastante cruel, desde la asignación de un cuarto con hombres-cis o mujeres-cis hasta negarles la atendidas  por ser portadoras de VIH. Vanessa y así Alejandra, la mujer trans trabajadora sexual, VIH positivo que murió hace un par de días en una localidad de Bogotá en un caso de negligencia, las mujeres trans te piden que no violes su dignidad, que no propagues el odio, que las dejes ser felices y qué hay más allá de hombre y mujer, que dejes de discriminar y sentirte superior por pertenecer a la favorecida mayoría. 

“Podrán cortar todas las flores, pero nunca detendrán la primavera”.

martes, 19 de mayo de 2020

Elsa y las Cerezas.


El día que mataron a Elsa, la bruja de Santa Rita, la familia Valderrama descansó de 50 años de acoso. Cuando el patriarca de la Familia Valderrama llegó a la comarca, compró los terrenos de más de  1 legua de largo, desde la sierra hasta el margen occidental del Río y los pobladores de Santa Rita pasaron a ser sus empleados. El paisaje parecía un tablero de ajedrez, entre terreno de la familia y el terreno de los pobladores. El patriarca hacendado se convirtió en la primera autoridad de la comarca, dejando a su partida una opulenta tajada para cada uno de sus 10 hijos.

El hijo menor del patriarca, Arturo, quería unificar los terrenos que le correspondían de herencia. Quería unir su casa con los terrenos cultivables, pero había un pequeño hogar habitado por una mujer solitaria a quien no se le conocía cónyuge ni descendientes, Elsa, quien cultivaba y vendía las cerezas más rojas a 100 km a la redonda. Sabia que una mujer en esa casa se había negado a venderle el terreno al Patriarca, por lo que Arturo le pidió a Elsa que le vendiera su casa para construir un camino que uniera los terrenos de su herencia. Ella al ver a ese hombre portentoso, con elegancia para hablar y porte cortesano, cayó enamorada y por un instante contempló dejar de rehusarse a la venta de su casa pero se negó de nuevo. Así que Arturo se marchó sin más pero dejó una semilla en Elsa que echaba raíces de forma exponencial. 
Cada mañana en la casa de Arturo amanecía un canasto con cerezas que eran devoradas por Arturo y otros miembros de la familia. Elsa no aceptaba nada a cambio aunque sin Arturo saberlo, le pagaba sus presentes con solo pavonearse en las inmediaciones de la mujer. La madre de Arturo escuchó de los rumores de la amistad de su hijo con Elsa y de inmediato arregló una boda con una bella joven de la comarca vecina, cuyo nombre iluminaría Santa Rita, Aura. Fue amor en primavera. Aura era inverosímil en cualquier aspecto a Elsa. Prontamente tuvieron a su primogénito y el corazón de Elsa se rompió y la amargura y desamor se apoderaron de su ser, por lo que desdeñada y sintiéndose miserable, empezó a internarse en el bosque. Se volvió huraña, desgarbada y ampollosa. Con el cabello ralo y un abandono total de su casa y cosecha que la llevaron a la emaciacion. 

Una mañana Elsa, con su gran cambio figurativo, se presentó a la casa de Arturo y Aurora, pidió empleo pues ya las cerezas no le daban para comer. Arturo la aceptó pensando en todo el tiempo que ella lo despertaba con el rico fruto y notar el deterioro de su persona. Pasado un breve tiempo, Aurora y Arturo acudieron a una reunión familiar dejando su pequeño tesoro con Elsa. La confianza se había hecho firme tras largas tardes de diatribas entre las dos mujeres de la casa. Más tarde en la noche, de regreso a su hogar, Arturo y Aura encontraron un muladar se personas a las afuera de su casa. El corazón de Aurora se desbordó como el galope de los caballos cuando observó como su pequeño yacía inerte y azul, con una cereza en la boca que le obstruía la respiración. De inmediato Arturo y un pequeño ejército marcharon en medio de la noche hasta el pequeño enclave en busca de la asesina y al no encontrarla, la ira se despotricó en las paredes que alguna vez conformaron un hogar. El fuego consumió rápidamente todo a su pasó hasta llegar al cerezo que fue talado y apilado. La sorpresa de todos al encontrar restos óseos debajo de las raíces les confió un terrible predicamento, era claro para todos, Elsa era una bruja. Se había sumergido en el bosque y la maldad dentro de ella buscaba venganza a un corazón roto. 

Arturo y Aura se recuperaron de su dolor y en 15 años, ya tenían una docena de niños merodeaba por los potreros de la propiedad, quienes gustosos se encargaban de ayudar en los cultivos y enriquecer a la comarca con su encanto y distinción. Arturo construyó un caminó y sepultó en una bóveda los restos óseos, bendecidos una vez por semana por el presbítero. Años después, el hijo mayor homónimo, segundo en posición respecto al primogénito asesinado, se casó con una mujer callada y servicial, cuyo pasado parecía inventado, pero que al ver el amor que le profesaba el hijo, deshilachó toda muestra de inconformidad. El hijo homónimo pidió su parte de la herencia y su padre le concedió un terreno frente a la iglesia de Santa Rita. Allí se levantó una gran casa que fuera la envidia de todas las mujeres de la comarca. Una vez instalados, la tragedia los volvió a embargar. El hijo homónimo empezó a ausentarse de su trabajo en el campo, a perder peso y agobiarse por nimiedades. La muerte se le presentó una mañana, mientras desayunaba murió ahogado por cerezas. La mujer con quien se había casado no era más que la amante frustrada de su padre y asesina del primogénito. Ahora cegando la vida de un nuevo familiar. 

La tragedia continuó y uno a uno, los hijos de Aura y Arturo murieron de forma macabra, siempre ahogados por cerezas. Tales hechos confirmaban una vez más que Elsa seguía en su venganza. Así que Arturo, convenció a Aura de enviar fuera a su hijo menor y ahora único heredero, para mantenerlo alejado y a salvo de la bruja.

El hijo menor de Arturo, regresó años después desposado a una joven mujer y se instaló en la casa que pertenecía a su hermano mayor, frente a la iglesia. Con una apariencia temeroso y taciturno, atormentado con los recuerdos de una infancia voraz. Pero formó un hogar en la casa que hizo encerrar en hierro rutilante, paredes blancas y flores de todos los colores. Allí crecieron sus dos hijos Eduardo y Fernando. Uno rubio y otro de cabello oscuro. Eran la copia exacta de la casta Valderrama. Y por un instante se sintió a salvo y feliz. 

El hijo menor de Arturo mantenía alejados a sus hijos de todo improperio de Santa Rita. Su esposa quedaba cada mañana al cuidado del hogar pero se le dificultaba mantenerlo en pie pues era una casona de 10 habitaciones que se asemejaba a la casa principal, donde vivía Arturo, Aura, una nuera y tres nietos huérfanos prontos a ser considerados adultos. El hijo menor de Arturo era quisquilloso con las personas de la comarca. No aceptaba visitas y no frecuentaba a su familia con frecuencia. Las miradas a través del hierro fraguaban un ambiente de observación inquisitorio pues la hermética casa llamaba la atención. 

Una mañana de mercado, la madre de los retoños escudriñando entre los vendedores , deslumbró a una anciana dama vestida de azul, de manos duras, ojos amistosos y una sonrisa desdibujada, sentada en el piso al lado de un canasto llenó de las cerezas más rojas que nunca hubiera visto. La esposa degustó una de las cerezas, sintiendo el fuerte sabor que la obligó a comprar el canasto entero. La anciana dama le agradeció la compra y le aseguró que a la semana siguiente traería más cerezas. Cómo el canasto es pesado, la anciana dama le propone ayudar a cargarlo mientras la mujer carga el resto de las compras. Una vez dentro de la casa, la anciana dama se despide asegurando su pronto encuentro. Los niños quienes al probar las cerezas caen en un letargo de sabores que los transporta a un estado onirico. La mitad de las cerezas se consumieron en un instante y la madre procura guardar unas pocas para el resto de la semana. 

Cuando su esposo llega a casa, le relata lo sucedido pero alcanza a terminarlo por los gritos de enfado que se escuchan hasta el bosque. Su esposo llora de terror y le cuenta sobre Elsa, mientras ella siente el hormigueo en el occipucio y el temblor de las falangetas. Ya no están seguros en casa así que se le propone mudarse a la casa principal mientras le dan caza a Elsa. No va a tocar a ningún Valderrama nuevamente. Se trasladaron a la casa principal, construyeron un muro de hierro, llenaron de metales afilados en las esquinas del techo, hicieron círculos de sal y cal viva, pintaron cruces con carburo, cortaron los árboles cuyas ramas sobrepasaran el muro de hierro, despidieron a las mujeres de la servidumbre y le negaron la entrada a cualquiera que no pernoctará en la casa.

1 año después de los cambios y el temor, las noticias de la caza de brujas era infructuosa. La mañana de aniversario de matrimonio de Arturo y Aura, el hijo menor de Arturo y su esposa, no encuentran a los niños en sus camas. La sorpresa es menguada por un haz de luz que se filtra por la puerta. A lo lejos, cerca a la forja de hierro, los dos niños están de pie, en pijama, comiendo cerezas al lado de la anciana dama quien aguarda a ser invitada. Los gritos de los padres ahuyentan a Elsa y mientras corrían a reprender a sus hijos, estos cayeron en el letargo del cual no despertarían. Besaron sus caras cianoticas y al interior de la casa, la familia lloró con amargura la muerte de los niños, inocentes de un amor utópico. 

Esa noche la luz se apagó en casa, pero afuera estaba incandescente. La figura de Elsa se presentó frente a la ventana, riendo, rasguñando, caminado por el tejado, gritando y ufanándose de su legado mortal. Antes de que los niños murieran, la habían invitado a pesar. Eran dos niños buenos que vieron una amiga en Elsa. Santa Rita se alertó del nuevo evento mortal y conocedores de la historia de ataques de Elsa, se acercaron a la casa con llamaradas, picas, machetes y toda clase de elementos metálicos que les pudiera servir para matar a la legendaria bruja. La batalla empieza con las primeras bajas pues el temor hace precario el valor de combate en una guerra ajena, así que la familia está sola contra la bruja. Solos y confusos, porque no entienden porque Elsa se ha empecinado en acabar con la familia. Elsa pide entrar a la casa, quiere ver a Arturo. Se ríe, llora, grita, vuela como un huracán que estremece el techo. Dentro de la casa, en medio del llanto, Arturo agobiado por la edad y el dolor les cuenta a los oyentes que cuando era joven, Elsa se enamoró de él, pero por no cumplir con las expectativas se casó con Aura, la matriarca. Les dijo que sólo él tenía la culpa del roto corazón, así pues al orquestar un plan pírrico, Arturo sale de casa a su encuentro frente a frente con la amante defraudada. Elsa se acerca volando, vilipendiando a los observadores con los ornamentos arrancados de los potreros por el viento. Su faz es sombría, su cabello cano cubre las cuencas y las manos huesudas desean mullir el viejo cuerpo de Arturo, se para frente a él y lo besa por primera y última vez. La calidez del beso la envuelve y cierra los ojos en medio del clímax. 

El hijo menor de Arturo, el único vivo y ahora padre de dos niños muertos, con el llanto cegado y siendo fiel a su padre, cumple con su deber. Su corazón se detiene mientras toma una Hoz de media luna, se acerca a la pareja que se besa envueltos en hojarasca y con el dolor más grande del mundo, los degolló. La luz de la luna alumbra las pérdidas y la sangre de Elsa emana con tanta potencia que los coágulos rojos acerezados ciegan la vida de todos en la casa. Hay silencio total. El olor a cereza se mezcla con la mortecina que aumentará cuando salga el sol. 

viernes, 10 de mayo de 2019

Williams.

Williams.

Williams. Cómo la escudería de fórmula 1, cuando Juan Pablo Montoya competía en 2002 y uno se levantaba a las 2 de la mañana para verlo... perder. Pero ver ganar a Schumacher. Así es el nombre de mi paciente de 16 años. Williams tiene síndrome de Oliver y desde un par de días ocupa una cama en el cuarto piso del hospital. El fin de semana estuve en ese piso. Varios casos extraños me tocó. 4 en especial conjunto a Williams o Ángel, como decidieron llamarlo y no es porque Williams no sea un nombre agradable, hay otra razón. Ya les diré el porqué. De mis 32 niños. Destacaron 4. El primero, Luis, un chico Venezolano que llevaba 2 días en Cajica y el auto donde iba fue impactado por un tractor que bajo velozmente desde una montaña. Sus pies están destrozados. La cuenta de cobro del hospital va en unos 25 millones de pesos. Casi mil doscientos millones de Bolívares, una enorme fortuna casi como para comprar 8 casas en Caracas. Luis es la persona más educada que he tenido en mi servicio.  La segunda es Yeidi, una chica indígena de 14 años, tiene un pseudo tumor cerebri, le suman 10 punciones lumbares y hoy ya dejo de recordar quien es el que le lleva chocolates a escondidas o con quien habla. Su cerebro está tan adolorido que a penas soporta que su madre le haga trenzas en su larga y negra cabellera. Ya no quiere jugar con sus juguetes de plástico y extraña su tableta, que lamentablemente murió! “Se ha muerto mi amiga”. Y al lado de ella está Alice, Alice la Cerdita, porque le gusta Peppa Pig. Ella espera el reporte de la patología de un tumor en la glándula tiroides, que Oncología Pediatríca ha informado como “muy probable para malignidad”. Hoy cumple 10 años. Oncología espera que llegue a los once, todo depende del reporte de la biopsia. Y por último Williams. Williams recibe un cóctel extraordinario: hidromorfona, tramadol, dipirona, clonazepam, metadona y levomepromazina. Con todo eso el dolor persiste y no lo deja cerrar los ojos. Williams además del síndrome de Oliver tiene otra vaina en su hombro derecho, algo que creció y por su culpa perdió su brazo entero. Williams tiene un sarcoma de húmero. Este sarcoma, como acostumbramos a decir se iluminó como arbolito de Navidad. Bastante terrible la comparación para algo tan lindo como la Navidad. Su tumor se expandió en su hombro y tórax. No sé le puede operar su hombro, ¿como podría quitarse la mitad de su tórax?. Me siento a su lado, se ve pálido y deja que toque su tumor, me dice que no siente mi mano. Que solo siente dolor. Hoy le he llevado un dulce, una barra de chocolate de España, creo que es de España, Torreón o Torredon. No lo sé. En la última nota que leí dice que será trasladado al Centro de Cancer Infantil (CCI) según criterio de Radioterapia. Al llegar a su cuarto, veo qué hay un letrero amarillo donde dice “Aislamiento de Contacto” le pregunto a la auxiliar de enfermería por qué han puesto ese letrero en el cuarto de Williams? La auxiliar me dice: de Williams no, de Ángel, él va a hacer un Ángel. No le entiendo lo que me dice. Me pongo la bata y el tapabocas y entro al cuarto, allí está la oncóloga, ella va saliendo con dos estudiantes de medicina. Yo Me siento muy alto a comparación de ellas. Nos saludamos. La oncóloga me pregunta si hoy estoy a cargo de Williams. Le digo que solo vengo a verlo antes que se vaya al CCI. “Hiciste bien en venir a visitarlo, él ya no va a ir al CCI. Él morirá hoy o mañana. Lo siento” Los dos hacemos una mueca de dolor y a la vez cómo de “era de esperarse”. Ya entendí lo de Ángel. Entro al cuarto. Williams tiene los ojos cerrados, una cánula de oxigeno y está igual de blanco que las paredes. Sus papás tienen los ojos rojos. Los saludo: -Buenas! -Buenos días. Williams se despierta. Que tal la noche? Con dolor, me dice él. Le enseño el dulce y se alegra mucho. Le doy la orden estricta de comerse todo el dulce. Todos se ríen. Ahí en cama, inmóvil, con una leve sonrisa y el gran esfuerzo para respirar. Tan frágil. Pienso por un momento sin decirle nada. Adiós Williams. Le digo que luego vendré a visitarlo y le traígo otro dulce. Los papás saben que no es verdad. Williams sabe que no me volverá a ver. Y yo sé qué ese es el ultimo dulce que se va a comer.

Williams, el Ángel del Cuarto Occidente.

martes, 18 de diciembre de 2018

Día Internacional del Migrante.

Voy viajando de Tunja a Bogota. Hoy ha sido otro día de viajes no planeados que salen bien. Tome el bus de regreso a Bogota. Éramos solo 3 Colombianos, en lo que aparentan Colombianos. De repente se han subido 10 chicos y chicas de Venezuela. Son 7 hombres y 3 mujeres, ninguno supera los 25 años. Hay uno muy joven. Están hablando entre ellos, están cansados, vienen de Bucaramanga. Uno de ellos tiene aftas en la boca y quiere comer pero le duele. Su olor corporal no es el mejor. No se aprecian que pertenezcan a los escalones altos de la sociedad Venezolana. Me hice al fondo del bus. Uno de ellos ve brillar   la luz de mi celular. “¿Pana me puede dejar hacer una llamada?. No fue una llamada, fueron 10. Les marcó los numero que guardan en unos trozos de papel húmedos, sudor o agua. Están felices. Hablan con su familia. Cómo si yo fuera el más Bogotano de todos los Bogotanos les doy las instrucciones para tomar los buses cuando lleguen a la ciudad. Hablo con los familiares “Tranquila señora que su sobrino está bien”. -Usted es Colombiano, señor?. Los puede ayudar? Dios lo bendiga.

Hoy es un día que la ONU designó para concientizar de la migración. No es fácil dejar tu casa y más si no hay que comer. No hay esperanza,  sólo queda huir!

Una llamada, un pan, una indicación, un gesto de solidaridad. Pueda ser que se hayan presentado malas experiencias pero son los vecinos, son personas que necesitan ayuda. Además que más chevere que Dios te deba muchos pagos por hacer algo bueno.

viernes, 7 de diciembre de 2018

Duberney, una velita.

Una velita por:

Duberney.

Cuando estaba rotando en Semiología Gastrica, conocí a un paciente de 13 años. Teníamos que hacer la historia clínica de Pediatría y me asignaron este paciente. Dunerney como se llamaba tenía una patología renal, producto de varias infecciones y desnutrición. Cuando yo lo conocí parecía más pequeño que un niño de 8. Supe que había sido retirado de su familia y estaba en proceso de adopción. Al año siguiente estando en Medicina Interna, lo volví a ver. Otra vez me sentaba a su lado, a examinarlo, a ver sus exámenes, a hablar de la posibilidad de un transplante renal. Algo imposible. Él estaba un poco más grande, tenía la voz gruesa y aún me saluda de parcero. Otro año paso y lo volví a ver, yo estaba en Cirugía y como iba a olvidar a mi paciente de nombre Irlandés. Yo le decía que me sonaba a Dublín, pero él no entendía que era la estupideces que yo le decía. Duberney estaba muy mal, necesitaba un transplante pero su seguro no lo había aprobado. A mi se me ocurrió la idea de adoptarlo. No le he contado a nadie esto, pues yo tenia ya 21 años y él casi los 15. Tendría un hijo de 15 a quien podría beneficiarlo para su transplante renal. Pero no podía adoptarlo porque yo estaba soltero, esa fue la respuesta que me dieron. Estuve en un congreso en Tunja y allí le conté a una Nefróloga muy importante en Colombia sobre Duberney. Su respuesta no era alentadora. Sin entrar en detalles era imposible hacer algo por él, descartado todo. Al regresar de Tunja, volví a verlo. A veces rompo las reglas y mantenía contacto con algunos pacientes. Cómo la mamá de Andres Felipe, el bebé de mi primer parto, la familia del primer paciente que lleve remitido o las madres de los niños a quien ayude en el parto y continúe sus controles.
Duberney sobrevivía ahora con diálisis, a veces me lo encontraba. "Que más parce?" Era su saludo casual.
Estando en el Internado, lo volví a ver, yo terminaba mi última rotación, Pediatría y él estaba cerca a ese piso. Delgado, muy blanco, pálido, con los ojos brillantes nos volvimos a encontrar por última vez, yo terminaba medicina y él ya no volvería a decir: “Que más parce?”.

Duberney falleció siendo yo rural, a finales de noviembre. Él era un buen chico que pudo llegar a ser mi hijo. Hoy lo recuerdo, mi paciente de toda la carrera. Uno está hecho de frases de libros, uno está hecho de lo que le enseñan los pacientes.

jueves, 19 de abril de 2018

La Familia Afgana.

Hace 24 años mi tío Cesar me dio un regalo a su llegada a la finca. Era un billete verde, de José Asunción Silva. Era muy verde y aún sigue siendo el billete más bonito porque tiene animales ocultos y un poema que no se puede leer pero es como el poema más importante que él escribió. Con ese billete mi papá me dijo que podría comprar lo que yo quisiera. Y yo quería una camisa de Mickey Mouse. Me gustaba todo lo de Mickey Mouse. Así que me llevó a la ciudad. No sé a cuál ciudad. Pudo ser Armenia, Pereira, Medellín o Cali. Pero era una ciudad de cielo gris, de huecos en la calle, de aceras difíciles de andar y basura. Cómo todas las ciudades. En el caminar a la tienda donde compraría esa camisa de Mickey Mouse, nos detuvimos frente a una familia Afgana. Si, una familia Afgana. Eran tres. Papá. Mamá. Y un niño como yo. La misma edad. El mismo color de piel. El mismo color de pelo, los mismos ojos negros y los dientes grandes. Y digo que eran afganos por su ropa. Era gris, con tierra, vieja y muy usada. Estaban sentados en la acera. Con costales y restos de comida. Eran indigentes. Desplazados. Pobres. Necesitados. O como quieran llamarlos. Para mi serán siempre la familia Afgana. La mamá Afgana tenía la piel café, cabello negro, sonreía con sus perlas intactas y se sentaba de primero, al lado del papá, quien se notaba preocupado pero sonreía. Y en su regazo, el niño. Un niño pequeño y delgado. Que jugaba y me miraba a los ojos y sonreía. Mi papá me dijo frente a ellos: ¿quieres darle el billete a ellos o comprar la camisa de Mickey? Que difícil pregunta para un niño, para un adolescente o a un adulto. Era ayudar a una familia y olvidar el deseo que tenía! Mi regalo! Me lo merecía! Mi tío Cesar me lo dio! Pero, ¿me lo merecía? ¿Que había hecho yo? Yo solo fui a saludarlo cuando llego! Era lo único que había hecho.
Entonces uno podría pensar que la pregunta de mi papá hubiera hecho algún efecto en mi. Y si. Mi papá preguntó: quieres darle el billete a ellos o comprar la camisa de Mickey?! Y en un acto de niñez, agarre mi billete con el puño, con mucha fuerza, me giré y dije: “Es mi billete. Quiero una camisa de Mickey”. No sé si mi papá les dio algo a la familia Afgana. Mi memoria de 4 años solo recuerda tres episodios. A mi Abuela Aura pasar de un lado a otro con su chal morado. Un dibujo que le hice a mi Abuela Maria. Y el episodio de la familia Afgana. Solo después recuerdo dando el billete de 5.000 pesos al vendedor de mi nueva camisa. La camisa no costaba 5.000 pesos y mucho menos si es de Mickey.

Sé que solo tenía 4 si quiera. Tal vez mi actuar era lo esperado en un niño de 4 años. 
Pero ese día yo pude ayudar a esa familia Afgana. Yo rechacé a ese niño. A esa mamá. A ese papá.
Esa familia necesitaba ayuda. Tal vez en 1994, 5.000 pesos era mucho dinero. Tal vez pudieron comer mucho ese día y el siguiente y el siguiente. 

La cara de la familia Afgana siempre estará en mi mente. Por eso muchos años después empecé a restaurar mi culpa.

Por eso es que le compro cuanta vaina me ofrecen. Por eso compro maní, galletas, lápiceros y pulseras que no me voy a poner. Por esa misma razón hago donaciones, presto dinero, le compro los medicamentos a los pacientes, no cobro los favores, doy propina, pago con billetes grandes para que no me devuelvan cambio los taxistas. Por eso siempre digo” deje así”. Por eso regalo mi ropa con el mínimo daño o sensación de que no me queda. Por eso le contesto las consultas por teléfono, por eso oriento a las personas y no limito a decir: “no consulta por WhatsApp”. Por eso cuando me roban mis cosas pienso que ojalá les sirva para comparar comida, que ojalá con lo que me robaron puedan hacer feliz a sus niños. Por eso he tratado de ayudar a quien más pueda, tratando de pedir disculpas a esa familia. Llevo años y creo que aún faltan más para que me perdonen, que me perdonen por no ayudarlos cuando más lo necesitaban. 

Ese acto me cambio. Yo espero que alguna vez en su vida, sea donde estén, perdonen a ese niño de 4 años que nos los ayudo una mañana gris en cualquier ciudad del país.

Perdón.

martes, 14 de julio de 2015

14 de Julio, 3 años después.

Hoy es 14 de Julio. Hace 3 años sentí mucho dolor ese día. Se me quebró las fibras más fuertes de mi ser. La tragedia hecha comedia, la comedia hecha drama, el dolor hecho dolor. El lenguaje oculto del alma. No sé muy bien porque fui tan ciego, era tan evidente todos los acontecimientos que se venían. Vivir en una coraza no ha sido lo mejor, incluso ni en una burbuja. Cuando alguien te convierte en una persona diferente, cuando te marca como las vacas o el rastro de un accidente donde la cicatriz puede ser grande, pequeña o desagradable a la vista. Solo quien lo vive lo entiende a tal punto de romper a llorar, gritar y plañir. La tristeza se viste de odio y el odio de impotencia!

Hay muchas cosas que alguna vez en todos estos 3 años yo he pensado! Vaya tres año ya! Tal vez sea yo el único que me acuerdo, tal vez yo sea el único a quien en verdad le dolió. El poder de la limerencia. ¿Como uno puede llegar a ser más fuerte o no, frente a las rupturas?. El tiempo! Este amigo que nos ayuda o perjudica.

Neruda decía que el amor puede ser corto, pero es más largo el olvido. Es cierto. Completamente cierto. Y esta es mi pregunta concreta.... ¿Como hiciste para olvidarme en días? ¿Por que tu vida no cambio como la mía? ¿O si? Si es así... te pregunto. ¿Cuanto tiempo tardaste para volver a amar? Según mis cuentas más exactas tardaste dos horas! 2 horas! Tras 10 meses de amor! y 3 meses más de conquista. ¿Es justo?, no lo es, no lo será. ¿Como pudiste ser tan arrogante, orgulloso y déspota?
Y las buenas cosas se fueron, el sol, las tardes, los consuelos y las llamadas en la noche que duraban más de una hora. Corría el tiempo y las lineas de la vida se cruzaron y se formó una historia nueva, un idilio! Si, como no!

Yo me quedé solo. Solo. Te fuiste sin darme la oportunidad de decir adiós. El amor no es una cosa simple que viene y se va. Nunca comprenderé porqué no te atreviste a ser sensato con la persona que te ayudo a encontrarte en el camino... Gracias? Bueno, eso hubiera sido al menos un como mejor, pero no... fueron palabras que se me grabaron en la mente como la tabla del uno. Tu crees que tendría quien curarme las heridas tras tu partida, creíste que al igual que tu, yo saldría con la primera persona que me dijera hola, me sonriera o me diera su hombro para llorar?. Tocar fondo, aplastado, vomitado, ensangrentado, sin saber los porqués, mientras tu te vestías de felicidad, yo me encargue de enredarme con la soledad. No te imaginas como era vivir con temor, vivir con todo el amor pudriéndose en el alma, abscedado, fistulado. Sentía latir el corazón al escuchar tu nombre, una cancion que me recordaba un instante de ti o contigo y al abrazar la almohada... Pero ya no latía por esto, no tenia refugio, ya no eras mi todo, mi amor, mi alegría, mi paz, mi consciencia y mi super Yo.  Respondeme una vaina... ¿como pretendías que yo iba a volver a confiar? Ocultaste la verdad! Tus verdaderos sentimientos, tu verdadera faz... esa que me encargue de maquillar a mi momo! Con quien pretendía pasar cada uno de mis días.... la paz y la tranquilidad que a tu lado pase,jamas volvió! Mirarme al espejo y recordar como lloraba de amargura rodeado de vidrios y de tus dibujos, esos dibujos japoneses a los que me sometí aprender a disfrutar, a entenderte el nipones hedor de tus besos, los silencios a tu lado mientras conducías por las calles infestadas de humanos, mientras los dos dentro del auto nos sentíamos en un carruaje gris. Tu eras tu, yo era yo, juntos eramos todo. Juntos. Mi pecado fue amarte a la distancia, amarte más de lo que yo me amé, darte más de lo que podría! Soportar tu soledad, dormir solo, sentir el viento a través de tus llamadas, tus abrazos largos en la estación, la mano que desaparecía en la ventana cuando cruzaba la calle frente a tu casa, las flores del camino, los pasos sin pisar la linea, las sabanas blancas y el olor a aceite de naranja. A donde se fue todo esto? A mi mente pueril, a mi mente dañada, a mi mente sin cielo, a mi mente enamorada. Si te viera de nuevo, no sé que haría. ¿Sonreirte? Decirte...ya estoy bien, me cure del cáncer!.... pero mira las cicatrices... las que dejaste, directa e indirectamente. Mis miedos y temores están aquí.... sigo siendo trasparente. Me cansé de vivir en ese puente, mendigando, siendo el ultrajado, el desperdicio, ¿por que me hiciste amarte tanto?. Victima y victimario? Por que ser así.... antes eramos uno solo, hermanos, amigos, un todo! Perdiste la inocencia a mi lado y sentiste más de una vez mariposas por mi.... luego por otro y otro.... pero no me soltaste, ¿querías mas mi alma o mi cuerpo?. Que tan difícil pudo ser evitar todo el dolor.... unas cuantas miseras palabras bastaban... no tenias que convertirme en Hiroshima. Te llevaste lo más preciado, te llevaste la oportunidad de volver a confiar en alguien, te llevaste el respeto... ¿A donde? No sé.... he tratado de recuperlo, pero apareces como carcelero, con una risa sardonica... No, Jorge... No. Una manta negra se apodero de mi. El miedo. Difícil fue dejarlo. Constante lucha sin par. Sé que las derrotas nos hacen mejor, nos hacen persona. Yo te brinde todo de mi, TODO. No era la forma de pagar, pero tranquilo. No te voy a cobrar. Quiero que sepas que por fin lo estoy logrando, que he sido mejor, que me regenero cada día, que avanzo y me esfuerzo! Sé que nunca voy a encontrar a alguien como tu que haga que todos mis sueños se cumplan, no seras tu más mi hada azul, pero cuando tu lo fuiste! Que felicidad!

Mi vida es otra. Soy otro. Extraño a veces a ese niño ingenuo que viajaba por un beso, a ese que abrazaba la almohada y decía... ya casi nos veremos. Ese que tenia la esperanza sublime de unir su vida a alguien casi perfecto, a un ángel de cabellos dorados, cicatrices de varicela en los labios y una sonrisa de vale un millón. Pero tres años después, recuerdo la agonía que sentí, el dolor que me partió, como la muerte misma, el día que el espacio tiempo se rasgó. Cuando parta de aquí, pronto, empezara otra vida, otro libro. No quiero que seas parte de éste. Las heridas sanaron, el amor volvió, la confianza volvió, el respeto volvió. No sentí la necesidad de desconfiar, la necesidad de sentirme menos. Una enfermedad en mi cabeza hace que se prolongue, que la atracción romántica sea más fuerte. Que se yo, pero así es. El de la sonrisa en los ojos... Mis ojos.

Hoy 14 de Julio de 2015. Te digo adiós para siempre. Esta fecha es difícil de borrar. Pero es necesario. Ya no me sirve de nada recordarla. Solo usarla como separador, para decirme a mi mismo: ".... Que no pase de nuevo, bueno.... Eres importante, y es necesario que estés aquí". Si no fuera por ti, nunca hubiera conocido tanta gente magnifica, no hubiera salido de esa burbuja, no hubiera pensado más en mi, en mi familia y mis sueños. Si no fuera por ti, nunca hubiera conocido de nuevo el amor... el amor idílico, el amor de la limerencia y el amor del mundo de las ideas. Si no fuera por ti, no hubiera seguido luchando por mi, luchando por mis sueños. Si no fuera por ti, la soledad seria como vudú, navegando por el mundo o parado en el puerto contemplando el mar, esperando convertirme en espuma. Es un día de dos mundos, como si fuera el antiguo y nuevo testamento. Cambiaré para bien, mejorare el piso de mi maquina fantástica. Y cada mañana sonreír, porque es lo más bonito que nunca debí perder. 

viernes, 5 de abril de 2013

Sueño con ella.


Han pasado 9 meses de tu partida. Nunca había soñado con ella. Lo quise, pero no sucedió. Hasta ahora. A veces las personas creen que cuando uno sueña con alguien que se ha muerto, es porque ha ascendido al cielo. Como si fuera una despedida. Como si ya se hubieran dado cuenta de que han muerto. Tal vez a penas te estés dando cuenta de que has muerto. Pues dormías cuando dejaste tu cuerpo inerte en la sala del hospital. Parece irreal tu muerte, por eso cuando te vi en mi sueño, parada a mi lado con un suéter rojo de arabescos azules, un vaquero azul y unos mocasines de gamuza como los que yo tengo, no podía salir del asombro. Eras tú. Mi querida amiga. Tenías el cabello enmarañado y atado a un cintilla delgada, luciendo como una mujer de los años treinta, muy encopetada. Yo no recuerdo como estaba vestido, solo me veía las mangas azules que cubrían mis brazos. Me sonreíste con esa sonrisa que anhelaría ver de nuevo, tomaste mi mano y con afán me arrastraste. Decías que debíamos llegar de inmediato. ¿A dónde vamos? Te pregunte aún en medio del asombro. Debemos ir a la Javeriana, dijiste casi gritándome. ¿A la Javeriana? Y a que vamos a ir a la Javeriana? me cuestione. ¿Me vas a acompañar o no? Ya cruzada de manos y algo seria. Pero es que… lo que sucede es que… Oye, tú estás muerta. Se lo solté sin tabúes. Era cierto y real. Ella lo estaba. ¡Hombre, que no estoy muerta! Y vamos a llegar tarde a la Javeriana. Pero escúchame, yo sé que lo estás. Estas muerta. Que no estoy muerta, te reíste y de nuevo sujetaste mi mano. Yo fui a visitarte antes de que murieras, estabas muy delgada y enferma, al menos te vi antes de que… ¡Que no! Que no estoy muerta. ¿Quién te dijo eso? Es que yo te vi, yo sé que estas en la cripta, comencé a explicarle ya con incredulidad y miedo. Estas al lado de mis bisabuelos, del tío Enrique, del tío Jaime, de la tía Ernestina y del abuelo Rafael. Tú estás en medio de ellos. Cuando baje a la cripta les encargue que te cuidaran, en especial a la bisabuela Consolación, para que te consolara cuando estuvieras llorando. Ella no me creyó. Deja de decir esas bobadas Jorge y camina rápido que vamos a llegar tarde a la Javeriana. Bueno, te acompaño, pero tu estas muerta. Tienes que saberlo. Mejor corre que llegaremos tarde por tu culpa. Bueno…
Y los dos nos fuimos corriendo rumbo a la Javeriana. Como aquella tarde de Junio en que a tu lado corrí por la plaza Santander de la Universidad Nacional. Tu a tus clases y yo a mi exposición de neurología. Allí me despedí de ti. Te vería al día siguiente para bailar. Pero ese día nunca llegó. Ahora seguiré recordando ese instante en que casi te ahorco cuando te vi, aquella tarde en que te hable, en esa tarde en que nos reímos, en esa tarde en que te dije adiós. Un adiós que no pensé que sería para siempre.
Con todo mi cariño para ella, aunque la analogía sea tan obvia, siempre en el corazón. Por siempre. 

domingo, 21 de octubre de 2012

Sentado en este sitio.

Estoy sentado en este sitio. con tantos ojos analizando el por qué de estar, yo, tan taciturno. tal vez no sea el mejor lugar para estar en soledad, pues todos van en duplo a este sitio y yo, vengo en edición limitada con el triste anuncio de "complemento viene por separado". Da igual entonces. Pero son épocas en que deseo utilizar mi parla, pro no tengo con quien poder dialogar, en si, no es malo, pero es algo desagradable como esos ojos me miran como si hiciera parte del itinerario de su programa de su noche, en este sitio. El sitio es lindo. Es agradable. Tiene un estilo moderno, conservador y artístico  pero sin duda es un sitio donde es necesario estar feliz para disfrutarlo. No es como aquellos sitios en que uno puede sentarse solo y a tu alrededor todos estarán tan ausentes como si estuvieran en coma, sentados, con sus ojos en la bebida, recordando el pasado, ese pasado que fue mejor, en que cogidos de la mano bajo el sol naranja se prometían un idilio de amor con su amante de turno. Que va. No sé si gaste mi dinero en vano, pero podre decir que fui a ese sitio. No es que yo extrañe la compañía de otra persona a mi lado. No. Es el sitio que te invita a estar en duplo, en trío, en una orgía de rechiflas, chismes y risas.  

Hago una pausa, la mesera se acerca y me dice que si quiero uno más! ¿Otro cóctel? Me rió y le digo que si! que me de un Margarita, y lo digo mientras escucho a una chica cerca a mi, conversar con un joven que se dejo la barba hace más de una década  que ella prefiere estar ahora en Alemania. Este duplo se ríe  Mientras el duplo de una señora rubia crespa y un hombre sin pelo miran atentos un programa que dan en ingles sobre el modelaje. Que extraño suceso. Yo desearía estar en un país extranjero, para ser un feliz taciturno que toma una bebida sin que esos ojos se interroguen entre si, cual es el motivo de mi presencia en ese sitio y ademas sin duplo. 

Llegó la Margarita y mientras la ponen en mi mesita café, donde pernoto, empieza a sonar "Te busco". ¿Sabes? creo que ya te encontré. Esas estrellas que me alumbran a tu sonrisa. Me preguntan de nuevo sobre los cócteles. Están muy buenos. No ve que ya me estoy riendo y diciendo cosas a las estrellas sobre esa persona a la que ya encontré. Entonces le digo que si, que lo están y lo digo en un mareo cósmico que me hace soltar mi Ipod. Y empiezo a pensar, creo que estoy pasando bien, los alcohólicos somos buena gente. ahora sonrió y me arrepiento de admitir mi alcoholismo. Pero ya lo copie y me da pereza borrar la frase. También debo admitir que aparte de alcohólico  soy malo. Soy malo y eso me hace llorar. Pero hoy no lloro, aunque ya sepa que soy malo.

Ignorare este lapsus. Yo ya no estoy consciente. Ya me dio remordimiento de todo el dinero que he gastado esta noche en este sitio. Pero que va, ya me lo tomé y me voy a mi casa. Dormiré y ya no veré esos ojos. Los que me vieron tomarme todo estas bebidas para no sentirme culpable por no estar en un duplo. La próxima vez vengo en duplo, así no me diga nada! Pero que me acompañe para que esos ojos ya no me miren en este sitio. 

lunes, 11 de junio de 2012

Charlando con Kopp.


En mi ultima travesía por el país, tuve la oportunidad de ir al Cementerio Central de Bogotá. Tenia ansias de conocer a dos personajes en especial, uno de ellos a Francisco Santander, compañero de batalla de Simón Bolivar. Santander fue apodado el traidor de la patria, es que a veces cuando no sigues las ideas por más disparatadas e indignas que sean, te acusan de traición.  Y el segundo, a Leo Kopp, un alemán que fundó la cervecería Bavaria. El señor Kopp acostumbraba a escuchar los problemas de sus trabajadores y les ayudaba a resolverlos, por lo tanto, junto a mi amiga y lectora de este blog,  Daniela Gonzalez, fuimos a pedirle ayuda en nuestras carreras de medicina. Confío que el señor Kopp nos haya escuchado y nos sonría desde el cielo con un poquito de su generosidad. 

Gracias señor Kopp. 

domingo, 18 de marzo de 2012

Andrés. Por Tere.

No me gustan los domingos a amanecer lunes, porque ese día lo mataron, no me gustan los lunes porque ese día lo velamos, no me gustan los martes, porque ese día lo enterramos, no me gustan los miércoles, porque ese día tuvimos que hacer el anhelado viaje sin él, no me gustan los jueves, porque ese día lo seguimos llorando, no me gustan los viernes, porque siempre lo esperamos, no me gustan los sábados, porque fue el último día que lo vimos; en fin todos los días sin él son de tristeza y de una espera sin retorno.

  

Este pensamiento, lo escribió mi tía Tere, para Andrés Escarria. 

lunes, 9 de enero de 2012

Un amor que se va.

Al eterno novio de mi hermana quien ha cerrado sus ojos!

Hoy despido a quien ocupo el lugar de "Brother in law" por más de 7 años. Cuando tenia 14 años, pregunte quien es el novio de mi hermana? Y me contestaron es el muchacho que vino a verla jugar fútbol. "Él es solo risas" recuerdo que eso me lo dijo mi vecino, quien había estudiado en el mismo colegio de él. Así poco a poco fue entrando en la familia. Se volvió un miembro más. No había salida sin que no se le llevara algún recuerdo. Incluso cuando fue su graduación y yo estrenada mi primer celular, mi hermana lo llamo a San Andres. Sabíamos que su actitud era difícil, a veces caprichoso y berrincudo. Su rostro empezó a poblar la casa... poco a poco las fotos de cada año, de cada logro y de cada recuerdo ocuparon un sitio en la casa. "Hola Tote" era su saludo habitual... Empezó a llamarme como lo hace mi familia. Hasta mi prima Laura lo veía como un hermano, ademas su primer beso fue con él! Este chico quien faranduleaba por las calles y era más conocido que cualquiera. Fueron 7 años de "Feliz Navidad", 7 años de "Feliz año", 7 años de "Feliz cumpleaños". Eran las 0:01 del primero de Enero de cada año, y era él quien llegaba a saludarnos, como cada año, como cada ocasión! Un ser que hizo crecer a mi hermana en todos los aspectos. Un joven que soñaba con ser abogado, que decía frases muy puntuales y algo aterradoras, un joven a quien le preguntábamos si algo estaba bien visto o no. Fue por él, quien una de mis primas termino con su novio, porque le dijo que era feo. Hasta mi papá le tenia un apodo: "La Lima", creo que solo una vez hablaron, por lo general solo se saludaban alzando la cabeza. Era por él, que mi mamá bajo las llamadas telefónicas, fue por él quien me dieron un poco más de libertad, una libertad que tengo guardada. Un joven quien quedara en nuestras mentes y corazones... No se podía pensar en mi hermana, sin pensar en él! Incluso los viajes eran modificados por lo que él dijera! Y como no hacer que las familias se conocieran, cuando las tías son amigas y compañeras de trabajo. Cuando los hermanos de mi papá, le decían a mi hermana... "Aún sigues con él? yo me decía: Mi hermana ya no debe de utilizar el apellido de mi papá, debería ya ponerse el apellido de él! Creíamos que seria su esposo. Una vez en Medellin, mi hermana y yo hablamos sobre nuestros hijos, ella dijo que le pondría el mismo nombre de quien podría ser su padre! A veces los celos mortificaban a mi hermana, pero él siempre iba y le decía lo que hacia. A él le encantaba el reggaeton y yo en silencio me daba cuenta de las nuevas canciones por él! Pero eso sí, como buen Vallecaucano, hasta donde yo le conocí una de sus canciones favoritas era una salsa de Gilberto Santa Rosa. Él era el primero quien se llevaba las camisas, gorras y cuanto objeto traía mi hermana a vender. Las mejores se las llevaba él! Conocía a perfección cada uno las personalidades de nuestra familia. El día de la fiesta de la familia de mi papá, él fue quien nos recogio para almorzar... Yo me había comido dos hamburguesas y luego espagueti con bolognesa, yo estaba muy lleno y él me dijo: "Mi almuerzo fue más malo". Le dije cómase una ensalada... "Ja! Me muero, eso es para las vacas" y de nuevo, nos llevo a la finca... sin antes de decir: "Por primera vez estoy de acuerdo con su papá, esto es una tontería" Ya en la noche, era él quien llamaba a mi celular, para decirnos que había venido por nosotros... Mi hermana se lo presento a una primita. Y nos fuimos de nuevo a casa. Mi hermana tiempo después me pidió el dinero para comprar algo de comer, como siempre ella iba con él... Dije chao y él me dijo: "Chao Tote". Fue la ultima vez que le vi! Ayer veía como los mensajes en Twitter se tornaban oscuros y de repente me necesitaban. Fue hasta la una de la mañana, cuando llaman a mi papá y es este quien me dice. Mi hermana hablaba por celular con un muchacho quien no tenia mucha información sobre el hecho. La ansiedad se apoderó cuando mi papá llama a mi hermana y la noticia se confirma. Hablo con mi mamá quien creyó que le llamaba por su cumpleaños, pero no era así: "Ma, ya sabe?". Y la noche se hizo día sin poder dormir. Siempre lo recordaremos como un miembro más de la familia, él es de la familia... es un hijo. Aparte de ser mi cuñado, se convirtió en un nieto, en un sobrino, en un primo, en un hijo, en un yerno, en un hermano, en un amigo... Siempre estarás con nosotros. Te queremos!

lunes, 3 de octubre de 2011

De Pisos y Pies.

Es muy común que cuando mis pasos recorren un nuevo piso, me llame la atención a su estructura, sus dibujos y tratar de buscar figuras y rostros.Es normal que cuando no tenemos a alguien al lado o estamos sentados o caminando en círculos, miremos al suelo, este suelo que es pisado por millones de pasos cada día. Y fue desde allí que mi idea de poder juntar a pisos y pies... pies cubiertos por zapatos; estas estructuras protectoras que invalidan más el acercamiento entre pisos y pies. Me pongo a pensar y a ver como usamos de manera estridente estos artículos que en muchas ocasiones se convierten en un modelo a seguir, en un impulso,en algo estético, en una necesidad de tener para no quedarse atrás. Recuerdo en el colegio cuando uno debía tener las zapatillas de moda, las zapatillas de Camilo, de Juan, de Ricardo o de Diego y que estos no podían ser los "chibis" o los de baja categoría. No. Debían ser PUMA o Nike, All Star o Tiguer. Tiempos aquellos, pero bueno aún uso estas marcas y ese gusano de moda se sembró en mi mente y no negaré, pero esas zapatillas son excelentes, cómodas y "aguantadoras".


Cuando observo a la gente que pasa por mi piso, por el piso que fotografiaré con mis zapatos, veo como desfilan cientos de diversos modelos, colores negros, rojos, naranjas, azules y verdes fosforescentes, zapatos brillantes, de tela o de cuero, botas negras, felpudas y hasta pantaneras, tacones altos y bajos, tennies, zapatos, zapatillas, converse All Stars de muchos colores, de boticas y de los nuevos con estrella de cuero, y los converse de Venus, sandalias y hasta Crocs; Zapatos formales lustrados y sin lustre. Calzados solos, acompañados, calzados de bebes que aún no caminan pero cubren del frió, calzados de indigentes, calzados de niños ricos, calzados de deportistas y de abuelitas, que ya se ven gastados de tanto ser arrastrados. Calzados besándose, calzados tomados de las manos y calzados obligados a estarlo. 


Y los pisos tan sucios, tan limpios, tan llenos de Clorox, tan bronceados, tan perfumados, algunos orinados y pocos transitados, otros demasiado transitados que los calzados que se confunden y ni el piso logra verse. Algunos pisos son cubiertos por alfombras, tapetes o hay pisos prohibidos. 


Pisos Y Pies. 


Todos caminan... algunos se arrastran y otros cuelgan de sillas de ruedas. Algunos zapatos sin estética. Otros que se salen de ella. Calzados que son tomados de un anaquel, de una caja o de una estantería más adornada que la cabeza de Lady Gaga; esperando que sean escogidos por la personalidad de su comprador llevados a andar por estos pisos de círculos, cuadritos, lineas, de azulejos, de charcos, de adoquines redondos, curvos y cuadrados; pisos que suben y bajan, rotos y remendados, de colores y en blanco y negro, por suelos de lodo y tierra, y por pisos de mármol y piedra; preparados para ser pisados, arrastrados, rozados y ensuciados de barro, agua, y estiércol de aves, perros o vacas.


Al llegar a casa, nos quitamos este calzado que ha pisado las pisadas de desplazados, de militares, de amas de casas, de banqueros, de médicos, de enfermos, de estudiantes, del clero, del campesino, de la maestra, de perros y palomas, de autos, de carretillas, y algunos que se convierten en cama y hasta en casas... De mis pisos y pies, he observado como según la personalidad y él día estos calzados cambian de pies, cambian de uso, cambian de piso, cambian de vida. Pero siguen caminado, siguen pisando, mientras los pies les digan por donde andar... Pisos y Pies... Pisos y calzados.