miércoles, 21 de noviembre de 2012

Mi papá.

Hoy hable con mi papá. Me llamó él. Casi no me llama, yo lo llamo a él. Él siempre esta pendiente de mí. A veces solo hablamos unos minutos y cuando son más, a veces se le es extraño. Yo le pregunto como esta y él a veces no sabe que decir, se ríe y me dice que bien, que esta solo y yo le digo que ya voy a ir a visitarlo. Me dice que llueve y le digo que cuanto? Él siempre sabe cuanto cae de lluvia, que temperatura hace y el grado de humedad. Siempre habla de eso y yo lo escucho cuando me lo dice. Le pregunto como va las plantas y me dice que ya lo tapan, que pronto habrá que cortarles las espigas. Y así empieza a hablar del "metilparation", de los "cogolleros" y de la "argentina" que no se va. A veces me llama a decirme que caen rayos, que si los estoy viendo, le digo que si aunque solo los escuche.

Él siempre se despierta temprano, más que los otros papás, nunca duerme y aunque no hablemos siempre, él con solo esos minutos que pueda decirle que ya cene, que ya fui a clase o que hoy hace mucho sol, sé que se siente bien. A veces se enoja, pero al rato ya se le olvida y empieza a hablar de los daños que ha hecho el gato, como cuando daño el jarrón que sobrevivió al terremoto de Armenia. Me llama riéndose. 

Así es mi papá, el que siembra con amor, riega con cariño, espera con ilusión y disfruta viendo crecer la vida. 

lunes, 12 de noviembre de 2012

El olor de los gatos.

Siempre he dicho que los gatos huelen a algodón, como el algodón de la cosecha de mi papá por allá en el año 98, que guardaba en la ramada junto a la Isabela, como el nombre de algunas de mis primas con las que pasé mi infancia en la Ondina, La Ondina, la Hacienda de mis abuelos Arturo y Aura, que era de color banco y rojo, como ese rojo del millo que se mezclaba con el atardecer, los arreboles y el viento, ese mismo viento que nos elevaba las cometas en el potrero, ese potrero en que impulsados por las manos de Alcira montamos por primera vez en bicicleta con temor a chocarnos con el laboratorio de Meteorología del INTEP de Roldanillo, como Rodanillo el municipio que mi familia escogió para vivir hace más de 200 años, y pasaran los años antes de que se vayan, a pesar de toda a sangre derramada, sangre como a que hace fata en el banco de Hospital Universitario San Jorge, San Jorge como el nombre del santo, del cual tengo una medallita, comprada en el vaticano y obsequiada por amiga Angela, la monja franciscana que vive en la Florida, Forida como el estado de Estados Unidos que celebra la re-elecion de Obama, Obama de familia Hawaiana y Keniana, como Kenia el país que esta en África, África el continente negro y negro como mi gato Chakels que huele a algodón, como el algodón de la la cosecha de mi papá por allá en el año 98, ...

lunes, 29 de octubre de 2012

Extraño.

Es extraño extrañar a un extraño. Somos extraños que nos extrañamos y es tan extraño que sin duda alguna, extraño extrañarte, pues siempre te extraño extraño. 

miércoles, 24 de octubre de 2012

Esas frases.

Y me gusta las frases que me escribes. 
Esas frases que en segundos enamoran. 
Me gusta sentir como la piel de mi rostro se pone roja al leerlas y pensar que las dices para mí. 
Para este extraño que apareció en tu vida.
Frases que anhelo escuchar y ya no son tan lejanas.
Esas frases que se salen de tu mente.
Esas frases que me invitan a buscar más allá de tu mirada feliz, de tus ojos negros y de esos labios que me dan besos sabor de fresa.
Esas frases con fragancia eterna, de canela y vainilla.
Esas frases que escucharé al oído mientras duermo. 
Esas frases que repasaré una y otra vez antes de dormir. 

domingo, 21 de octubre de 2012

Sentado en este sitio.

Estoy sentado en este sitio. con tantos ojos analizando el por qué de estar, yo, tan taciturno. tal vez no sea el mejor lugar para estar en soledad, pues todos van en duplo a este sitio y yo, vengo en edición limitada con el triste anuncio de "complemento viene por separado". Da igual entonces. Pero son épocas en que deseo utilizar mi parla, pro no tengo con quien poder dialogar, en si, no es malo, pero es algo desagradable como esos ojos me miran como si hiciera parte del itinerario de su programa de su noche, en este sitio. El sitio es lindo. Es agradable. Tiene un estilo moderno, conservador y artístico  pero sin duda es un sitio donde es necesario estar feliz para disfrutarlo. No es como aquellos sitios en que uno puede sentarse solo y a tu alrededor todos estarán tan ausentes como si estuvieran en coma, sentados, con sus ojos en la bebida, recordando el pasado, ese pasado que fue mejor, en que cogidos de la mano bajo el sol naranja se prometían un idilio de amor con su amante de turno. Que va. No sé si gaste mi dinero en vano, pero podre decir que fui a ese sitio. No es que yo extrañe la compañía de otra persona a mi lado. No. Es el sitio que te invita a estar en duplo, en trío, en una orgía de rechiflas, chismes y risas.  

Hago una pausa, la mesera se acerca y me dice que si quiero uno más! ¿Otro cóctel? Me rió y le digo que si! que me de un Margarita, y lo digo mientras escucho a una chica cerca a mi, conversar con un joven que se dejo la barba hace más de una década  que ella prefiere estar ahora en Alemania. Este duplo se ríe  Mientras el duplo de una señora rubia crespa y un hombre sin pelo miran atentos un programa que dan en ingles sobre el modelaje. Que extraño suceso. Yo desearía estar en un país extranjero, para ser un feliz taciturno que toma una bebida sin que esos ojos se interroguen entre si, cual es el motivo de mi presencia en ese sitio y ademas sin duplo. 

Llegó la Margarita y mientras la ponen en mi mesita café, donde pernoto, empieza a sonar "Te busco". ¿Sabes? creo que ya te encontré. Esas estrellas que me alumbran a tu sonrisa. Me preguntan de nuevo sobre los cócteles. Están muy buenos. No ve que ya me estoy riendo y diciendo cosas a las estrellas sobre esa persona a la que ya encontré. Entonces le digo que si, que lo están y lo digo en un mareo cósmico que me hace soltar mi Ipod. Y empiezo a pensar, creo que estoy pasando bien, los alcohólicos somos buena gente. ahora sonrió y me arrepiento de admitir mi alcoholismo. Pero ya lo copie y me da pereza borrar la frase. También debo admitir que aparte de alcohólico  soy malo. Soy malo y eso me hace llorar. Pero hoy no lloro, aunque ya sepa que soy malo.

Ignorare este lapsus. Yo ya no estoy consciente. Ya me dio remordimiento de todo el dinero que he gastado esta noche en este sitio. Pero que va, ya me lo tomé y me voy a mi casa. Dormiré y ya no veré esos ojos. Los que me vieron tomarme todo estas bebidas para no sentirme culpable por no estar en un duplo. La próxima vez vengo en duplo, así no me diga nada! Pero que me acompañe para que esos ojos ya no me miren en este sitio. 

viernes, 19 de octubre de 2012

Por raticos.

Es lindo verte , aunque solo sea por raticos. 
Esos raticos en que solo veo tus ojos, esas pupilas grandes .
Tus labios fresa, delgados y tan suaves.
Tus perlas en la boca que se asoman al reír. 
Tus brazos tan fuertes que me quitan el aire. 
Tus besos que me llegan al alma, que me embrujan, que me elevan y me hacen olvidar por instantes que hago parte de este mundo. 
Tu, quien llegaste, quien me sonríe y hermosamente hace que la vida tenga ese tono rosa y naranja que siempre debe tener. 

miércoles, 3 de octubre de 2012

A su lado.

Era media noche y me llamó. Me sorprendió, debo confesar. Mi corazón latía a montón, como cada vez que me habla o veo aparecer su nombre en mi móvil. Estaba un poco ebrio, con aliento a licor y su cara picara que incita a pecar. Sonreía mientras se tambalea. Se acostó en mi cama, yo me senté a su lado, sobre una silla gris. Lo miraba atento y me sentía feliz de verlo acostado en mi cama. Me pidió que lo acompañara en el sueño, total, era mi cama la que ya ocupaba. Tomo mi mano con ligereza y la llevo a su pecho, empuñando mi mano junto a la suya. Y nuestros cuerpos se acercaron. Mi corazón latía. Su sudor etílico se confundía con el mío, que era de miedo y satisfacción. Toqué su rostro. Era suave. Vi su nariz, sus labios y orejas. sonreía al verle dormir y al escuchar sus gélidos gemidos que hacia mientras intentaba conciliar el sueño.

Sus nalgas se acomodaron en mi ingle. Mis rodillas en su región poplitea. Y mi cabeza se quedo sobre sus hombros. Olí su aroma en medio del alcohol, que fragante era. Siempre lo ha sido. Solo desee dormir a su lado, pero sobrio, creía que era mejor. Que estuvieras consciente de mi ser y no pareciera una ilusión al día siguiente. 

Sus sueños vividos me despertaban más que a él. Dormía por segundos y de repente entraba en una charla incoherente que me hacia reír y a la vez preocuparme. Al fin descansamos. dormimos juntos. dormimos en paz. como si nos conociéramos de toda la vida, como si fueras mi luna y yo tu sol, esperando el eclipse para estar juntos.

A la mañana siguiente, sentiste la tranquilidad de estar a salvo. Para mi la noche mas mágica, para ti solo fue un breve momento de tu lunática noche que termino en medio de los brazos conocidos. Sentiste preocupación, pero te dije que tu virtud seguía intacta, al menos durante el tiempo en mi cama.  Con la sonrisa picara me diste un beso en la mejilla. Te fuiste para nunca más volver. 

viernes, 7 de septiembre de 2012

Arreboles.

Es extraño ver donde estas, pero no ver tu cara. 
Debo confesar que visitarte ya no es tan agradable.
Pues tu no me hablas, tu no me miras, tu estas ahí acostada en medio de la hierba.  
Voy a visitarte, no por capriño, solo porque me gusta hacerlo. Llevarte rosas que adornen tu prado. 
Imagino que te complace mi visita.
Imagino que aún me abrazas por la espalda y me susurras "Jorgito". 
Imagino que aún estas por allí con tus ideas, tus colores y fragancias.
Trato de imaginar tu risa y tu voz, que reproduzco en mi cabeza y espero no se vayan.
Estoy seguro que algún momento te volveré a ver, te hablaré y nos daremos un abrazo bajo el sol cubre las nubes de un tenue naranja, en una tarde de arreboles. 
Pero por lo pronto veo el atardecer desde donde tu cuerpo descansa. 

Te quiero mucho querida amiga mía. 

Para Mandina Rodriguez. 




domingo, 22 de julio de 2012

La verdad (Esos besos que no son míos III)

"Nunca más oíste tu hablar de mí. en cambio yo seguí pensando en ti. De toda esta nostalgia que me quedó y del tiempo que pasó, no te olvidaré"- Escuchó Alejandra Holguín, acostada en su cama junto a su gato, sollozando con agonía por verdad que rondaba su mente y su espíritu. "Ya no te amo". Le daba golpes a la mesa, a su cama y a la pared de la casa del Oeste. Cuando le dijo que ya no le amaba, agarró su cara entre las manos, se halo los ojos deseando sacarlos de sus cuencas, tomo los dibujos enmarcados que Sebastian le había obsequiado, los arrojo por toda la habitación y se quedaron rotos por el suelo. Levemente se acerco a ellos y los estrujo sobre su pecho y lloró de rabia. Lagrimas y sangre se mezclaron. Su alma en mil pedazos ahora estaba. Lloraba viendo ese mar de recuerdos.

La distancia y su cambio de humor incompresible terminaron por destruir ese castillo en las nubes. Ahora era un hecho real. Se disolvía el binomio. Fueron 8 meses de un cuento mágico atacado por dragones y gnomos. Pero ella no podía aún asimilar que mientras ella se batía entre los embrollos más banales, su ser amado construía un nuevo lazo amoroso, del cual ella ya no era una opción valida.

Con la cara llena de lagrimas negras, muriendo en su cama de ese dolor que no se puede clasificar ni por el mejor semiologo francés, empezó a recordar cada uno de los fatídicos momentos, pidiéndole a Dios que a cambio de su vida le permitiera regresar al pasado. Y su mente empezó a relatar lo que para ella era un mal sueño del que deseaba despertar. Pero era imposible. 

Recordó cando dibujaron un corazón que entrelazaba las inicias de sus nombres,  sobre la corteza de un árbol cerca a su casa, para inmortalizar su amorío. Alejandra en su melancolía empezó una perorata nocturna: En ese parque hablamos sobre el amor que nos teníamos, hablamos sobre los kilómetros que nos separaban pero que seriamos uno, incluso caminamos por las hojas secas de los arboles que trajeron alusión del sueñe premonitorio en el que la piel de la serpiente se quedaba atrapada en el humus y la voz nos decía que sufriríamos, pero a la final nuestras manos no se separarían. Así pasaron los días y veíamos como los latidos eran al unisono y los ronroneo del gato nos mantenía unidos, como debió ser. Admito que tuvimos peleas muy fuertes, llorábamos y nos dejábamos de hablar.  No sé si era la costumbre, pero en mi casa cuando alguien se enojaba deja de hablar. No entiendo que sucedió ahora, porque antes cuando nos peliabamos, volviamos a juntábamos con mas apego, para terminar sudando y gimiendo entre sabanas, diciendo el nombre del otro al tiempo, hasta nos brotaba un orgasmico TE AMO! 

Sentía el adiós como un disparo, como una farsa, como si todo lo vivido solo se quedaba en su mente, en la nostalgia del ayer. Se preguntaba si su amante había llorado al pensar las palabras para terminar la relación. Se preguntaba si guardaba su foto, como ella hacia con las de él. En que momento aceptaría la realidad, por más que lo negara, por más que apelara a la cordura, sentía el dolor inminente de la muerte, al pensar que los besos que la hacian suspirar y olvidarse de todo, esos besos ya no eran suyos. 


Desequilibrio de amor.


Tú y yo. Yo sin ti. Tu sin mi... no logro articular otro pensar que este terrible sentimiento. Y esta tristeza que se abre como la boca de un muerto tiznando todo a su paso, su sombra que huye en la oscuridad, su soledad tan única, un grito que sale del pecho, una lagrima que recorre la mejilla mientras se leen las palabras del amor no correspondido. Yo lloré un río Magdalena en mi cama. Yo grite más alto que los criollos el día de independencia. Yo gemí más que una parturienta. Un sentimiento que me hiciste abortar, gangrenando mi visceralidad, mi fuerza, mi esperanza de niña rebelde. Y nadie me escucha en esta coraza, sola vagando sin tu amor, como una fruta podrida que se cae de la rama más alta del árbol que sembramos una tarde de noviembre mientras me  prometiste amor eterno. Un amor que se disipó y ahora lo vuelves a tener con aquella que llegó en el momento indicado, según tu insolente opinión.

Y se increpo la voz desde el fondo de la garganta, con tan solo gemidos mientras pataleaba entre dibujos y vidrios, entre las falsas promesas de amor en cartas y en el sí bemol. Mi mundo acuarela se derritió en colores de espanto y muerte con mi leprosa realidad. Trozo a trozo desarmándome como si fuera un hechizo de Cenicienta. Aislada en una pequeña burbuja, creía que el olor de la podredumbre no me alcanzaría jamás. Pero no supe cuando te soltaste y dejaste de endosarme mi cheque de miles de te amo a mi nombre. La magia de los dragones y gnomos que nos rodearon fueron más fuertes que las espadas que forjamos en estos 8 ciclos de luna. Te fuiste sin decirlo, sin darme cuenta. Culpable yo, yo absoluta, simplemente yo, por ser tan terrible como soy, por no medir mi fuerza, por sobrepasar las reglas, por imponer mi voz, esa que ya no me sale y que solloza de pavor solo al ver tu luz fulgurando cual veleta alrededor de una fogata que huele a hierbas y café. 

Todos se alistan para la fiesta, mientras yo me dibujó una sonrisa de payaso para sobrellevar esa tortura de aceptar que no tendré el sabor de frambuesa de tus labios recorriendo mi cuello una vez más. Desde cuando el viento cambio de dirección y deje de ser la bandera roja del norte que te indicaba la meta. Mientras me deshago de mis armas y mis flores, no dejo de recordar aquellas tardes cuando el sol se filtraba por las cortinas como insignia de nuestra aventura, con las sabanas empapadas de sudor, tomados de la manos con tanta fuerza, pasando la tarde confinados en un cuarto de cielo esmeralda y tonos rojos como el latir de nuestros corazones, allí donde las manecillas giraban con la parsimonia que hacia posible el efímero encuentro tan temido por los carceleros, tus carceleros indómitos a mi primavera de colores. 


Volaste lejos, en tu camino ya no estaba mi nombre y tu fuego se apago, deje de suspirar, como si el aire se me acabara. Me arroje a un acantilado rocoso, sentí el millar de agujas importándome en los ojos. Cuando los abrí, tu rostro había desaparecido. Solo oscuridad y un abismo de ansiedad y desespero que se enredaba en mis manos, en mis piernas, en mi cabello, no valía la pena gritar, mi salvador desaparecido no me reanimará y solo en una idea delirante de mi mente trastornada y falta de amor, sentía tus manos sobre mi cuerpo amándome de nuevo como si nunca hubiéramos salido de ese pequeño cuarto de alquiler para amantes fortuitos.