domingo, 6 de mayo de 2012

De la violencia y otros demonios.


Lo vi crecer. Lo vi morir. Desde que estaba en mi vientre, pensé que sería la madre más orgullosa del mundo. De hecho, lo he sido. Pero ya no soy su madre, al menos no en la tierra. Y es que fue tan pronto que no pude despedirme, que no pude volver a sentir sus saludos, sus gritos, su inconformidad de joven, sus insistentes permisos y el dinero de más para salir por ahí. Siempre vi que Harold era desde niño un ser muy diferente a los demás. Siempre fue tan elogiado por sus compañeros en el colegio, tan risueño, tan lindo con todos, era mi muchachito. Podía no ser el mejor estudiante, pero siempre me hizo feliz que lo intentara. Pero que repelente era para el estudio, una lidia para que hiciera las tareas. Solo quería estar con esos muchachos, esos que eran oscuros, que quien sabe cuánto mal habían hecho en sus casas. Pero quien le quitaba de la mente a mi Harold que esos no eran amigos, que ellos no lo dejaban ver la realidad y le crearon unas fantasías de poder tan fantasiosas como efímeras. Es duro saber que ya no crecerá más, que no lo tendré a mi lado. Pero hay algo que no puedo comprender, cuando él murió la gente comentaba sobre sus planes, sus deseos y fantasías, yo no podía creer que tuviera grandes ambiciones de crecer de manera exponencial, sin el sudor debido. ¿Qué fue lo malo que pasó? No comprendo de cuando a acá, los jóvenes ya no querían libros sino ese respeto impuesto por las armas.

 Fue entonces, esa noche de Enero, en la que me pidió permiso por última vez para salir un rato a la calle, una noche más antes de regresar a la universidad y continuar sus clases de leyes. Me sentía orgullosa que a pesar que mi hijo no fuera el mejor, se había decidido por estudiar una carrera y que más orgullo que en unos cuantos años, tendría a mi abogado. Como ya se e iba para la Universidad, con el rosario en la boca,  le di permiso para que se despidiera de sus amigos entre ellos esos que no me agradaban para él.  Que tan extraño fue que esa semana, se había vuelto más apegado a mí y hasta me acompañó a misa, cosa que no le gusta pero pensaba que podía ser por la pronta partida a su realidad académica.

 El mejor amigo de Harold, era Néstor, un joven mayor que él, que venía de la capital, acostumbrado a que los edificios ocultaran el sol, no como aquí, que es la montaña quien lo hace. Nunca lo conocí, pero su nombre era pan de cada día, pero Harold me decía que era bueno y creo que conocí a una de sus tías, una ex profesora del Liceo, el único colegio que no había sido invadido por los “nuevos ricos”. Néstor llamó a mi hijo, y lo invitó a salir, a tomarse algo y charlar, cosas de jóvenes. Mi hijo salió de casa, caminando hacia la casa de su amigo Néstor, paso frente a una fiesta, en una casa cercana, allí se reunieron jóvenes entre conocidos y no, entre lo que llaman sanos y otros con un prontuario. Así que decidió entrar, saludar a unos conocidos y esperar a la llegada de su amigo.

 Lo que yo no sabía pero casi todo el pueblo sí, es que desde hace mucho se venía planeando eliminar, si eliminar, eso dicen ellos, los asesinos, a algunos jóvenes sumergidos en el microtrafico que amenazaban a los grandes traficantes por sus precios económicos. Esos negocios ilícitos son la perdición. El crimen está muy organizado, es algo increíble que tengan leyes, que tengan que seguir órdenes, repartirse las ganancias. Es un negocio de droga y muerte, que tiene uno que estar ciego y sordo para aceptarlo, pero siendo así, muchos jóvenes envían su hija de vida a ver si les dan un chance de admisión. Estos negocios tienen sus consecuencias y cuando hay un objetivo, todo a su alrededor puede caer. Esto le pasó a mi hijo Harold, ahora ya hace parte de una estadística, ser uno de los primeros muertos del año nuevo. 9 días después de estar abrazados todos al son de las campanas de las 12 de la noche, él se nos iba al cielo. Esa noche su risa contrastaba con la música de la fiesta de despedida. Solo debía aguardar algunos minutos, sentado en el antejardín de la casa, a que llegara Néstor. Casualidad de la vida, pasó una antigua compañera de colegio por esta casa, Ximena y lo vio allí sentado. Se detuvo y lo saludó. Ella venía con un joven que estudiaba en la misma universidad de Harold. Su nombre era Gregorio y ya estaba a punto de terminar su carrera, solo le faltaban algunas semanas para completar la pasantía y obtener el diploma.

 La vida es tan ambigua a veces, uno solía pensar que los que debían morir serían los ancianos, pero no. Eso ya no. Ahora quienes mueren son los jóvenes, quienes nunca verán un mañana, no tendrán una familia y no podrán realizar sus sueños, por más utópicos que sean. Triste coincidencia cuando lo indebido y lo injusto se mezclan con el caos y la oportunidad de hacer daño. Esa noche, en esa fiesta cuando las risas de los jóvenes que se despedían de sus vacaciones de Navidad, en ese mismo momento y lugar, se encontraba también un vendedor y supuesto sicario, que gozaba con los chistes y la música como si fuera uno más de los despreocupados celebrantes. Nadie sabía lo que ese sujeto era. Es extraño pensar cómo podemos estar sentados con nuestro enemigo, con la persona que le puede estar haciendo daño a los demás incluso hasta a uno mismo y no saberlo. ¿Cómo saberlo?, pregunta que hago al viento; su respuesta no la escucharé jamás.

Las noches de enero son cálidas así que algunos integrantes de la fiesta se trasladaron al jardín delantero entre ellos Harold que les  presumía a sus amiga Ximena y Gregorio, el celular que con esfuerzo su papá y yo le habíamos regalado para Navidad. La celebración se detuvo en segundos, cuando uno de los muchachos, creo que su nombre era Mauricio, salió corriendo hacia el interior de la casa, y un hombre con barba entró tras él, pero nadie notó algo fuera de lo normal. Y fue entonces cuando una ráfaga de sonidos aturdidores se escuchó y empezaron a correr sin saber de dónde venía tal estruendo. El caos se apoderó de la fiesta y empezaron a correr, a refugiarse, a buscar un escondite y otros, como mi hijo,  se arrojaron al piso. Sonaban disparos, gritos, “Corran”, disparos, lágrimas y más disparos. Todo cesó. “Salgan de allí, Harold salga”, alguien grito… Y en ese momento mi hijo, sin nada que deber, solo algunas materias en la Universidad, sin saber con quién se juntaba, y estudiando para defender culpables e inocentes, riendo y festejando, y con el corazón en la mano decidió levantarse, su plan de huir del lugar se frustro en segundos. El hombre de barba salió de la casa, cumpliendo su labor de terminar con la existencia de su colega sicario, saldando las deudas de su vil negocio, cuando se percató que una masa se movía hacia él, en un intento de ponerse de pie, el hombre disparó tres veces y corrió hasta su motocicleta, ahogando cualquier sonido de la noche.  El primer de los disparos dio en la pared, el segundo en el nuevo celular y el último terminó cegándoles la vida a mi hijo y luego a Gregorio; los dos jóvenes con sus cabezas juntas protegiendo a su amiga en común, fueron sorprendidos por la bala que les atravesó las cabezas, quitándoles la vida. ¿Era justo aquello que sucedía? Faltaron segundos para que hijo dejara esa casa. Néstor se había detenido instantes antes, pues había visto a varios chicos gritar y correr por sus vidas, pero nunca pensó que era mi hijo quien había perdido la vida tan injustamente. El alborotó de los vecinos me despertó y minutos después, estaba sentada al lado de su cuerpo, tragándome el dolor de madre, viendo como la sangre de mi único hijo, emanaba como una línea que huía del yacimiento.

En esos momentos me pasaban muchas cosas por la mente. Pero no podía responderlas. Solo el dolor era mi vivir, mi pensar y mi existir. Él no vivía aquí, él no tenía nada que ver con ellos, él solo entró a saludar, él solo debía esperar a su amigo para despedirse. Despedirse para irse a la Universidad, no al Cielo. Mi hijo Harold, ni único hijo, mi abogado, mi soñador; sueños que se quedan,  una vida menos, una estadística más, un abogado menos, una cripta más. ¿Cuándo las cosas se van a hacer de otra manera?, ¿cuándo los inocentes dejaran de pagar culpas ajenas? ¿Porque la violencia se ha convertido en algo de leer en periódicos amarillistas? Mi hijo hace parte de esas páginas. Páginas de mi vida que no entiendo.  Espero que mi fe, no deje que respire odio y venganza que den continuidad a un ciclo. Porque la muerte de mi hijo es el inicio y el fin de la venganza, porque no quiero que más madres sufran, que no maten a sus hijos. Nadie merece morir de esta forma.


jueves, 3 de mayo de 2012

Voz.

Me gustas cuando no te callas porque estás presente, 
y me escuchas a lo lejos y sabes de que hablo.
Siempre tan dispuesta y firme en tu pensar,
Me gusta que no te rindas si sola estas,
Y que indomable te vuelvas si tu libertad arrebatar desean.
Me gusta cuando no te callas, porque no eres distante ni dolorosa,
eres la luchadora, la que se impone, la que decide,
Si pasar encima tuyo quieren, imponerte debes.
Si te piden que cedas, sabrás que no conviene la lucha inminente.
Haz lo que es correcto, lo que dicte tu alma y mente.

Deja que callen con tu presencia, 
deja que se manifieste tu emblema, 
deja que el ruido de tu voz entorpezca sus mentes.
que si callar quieren, digas un no sonoro y rotundo,
que retumbe por cielos, y caiga como rayo en su vanidad.
Por que has de retornar al silencio?
Si enfrentarte al dragón de 5 cabezas es doloroso y te empaña,
recuerda que allí estaré yo para ayudarte.
Que tu silencio no se convierta en cobardía,
Que porque es mayoría, tienen la razón?

Acaso escuchar no saben, pues tu voz no les llegara.
Pero que quede que no cediste y firme en tu decisión estuviste
hasta el final, sin importar cuanta lluvia en tu rostro se derrame.
Que no seas una dulce y calmada noche,
Que seas un día voraz, implacable, lleno de vida.
Recuerda no te rindas y no cedas tu voz!
No dejes que se impongan en tu pensar y decidir.

martes, 27 de marzo de 2012

domingo, 18 de marzo de 2012

Andrés. Por Tere.

No me gustan los domingos a amanecer lunes, porque ese día lo mataron, no me gustan los lunes porque ese día lo velamos, no me gustan los martes, porque ese día lo enterramos, no me gustan los miércoles, porque ese día tuvimos que hacer el anhelado viaje sin él, no me gustan los jueves, porque ese día lo seguimos llorando, no me gustan los viernes, porque siempre lo esperamos, no me gustan los sábados, porque fue el último día que lo vimos; en fin todos los días sin él son de tristeza y de una espera sin retorno.

  

Este pensamiento, lo escribió mi tía Tere, para Andrés Escarria. 

sábado, 17 de marzo de 2012

Esos besos que ya no son míos II.

Sonidos de risas, sombras de la tierra vienen a mi mente incitándome e invitándome al infinito e inmortal amor que brilla a mi alrededor como un millón de soles, que me llaman y me llaman a través del universo, pero ¿para qué? ¿Para qué? Si ahora ya no me quedan más dudas, de que tu amor ya se me terminó. Esto duele pero se acabó. Yo solo espero que tú, no te vayas a errar, espero que lo pienses, pues muchas veces así, por un traspié, se pierde un gran amor. Sin embargo es difícil, pero no imposible de asimilar que en verdad ya te perdí y ahora te veo partir. Sé lo difícil que puede ser esto que nos sucede, al menos lo intente, pero yo no gané. ¡Yo sé! Si tuviera una oportunidad le cambiara el final a todo, pero no podría, porque la verdad me da gusto que estés conmigo en la eternidad y entiendo, no eres para mí pero te querré para siempre.  Da dolor pensar, que tantas veces yo decirte oí: ¡ay! Yo te quiero y no podría vivir si te vas. ¿Sabes? ¡Nadie tiene la razón de que exista el amor! ¡Solo hay un tú y yo!! Las promesas de los dos: Me esperaras, aquí estaré. ¡Lo sé!

Solía pensar que el amor no era real, que era una ilusión que siempre se acaba. Amar por amar, y romper a llorar, es lo más cierto y profundo del alma. Ahora que tú te marches, no seré nada, mi mundo pequeño será, mi alma, mi cuerpo y mi voz no servirán de nada, pues sin ti yo no soy nada y mi corazón con trocitos de hielo estará, seré una niña huraña, una niña triste que abraza su almohada, mojada en lágrimas, tirada en la cama, mirando la tele y no viendo nada. Las noches de juerga serán amargas, reiré sin ganas, con una sonrisa pintada en la cara, un pobre actor que olvido el guion, pero sabré que al fin y al cabo tan solo son palabras que no dicen nada.

Que no daría yo por ver tu mirada, por ser como siempre los dos, mientras todo cambia. Ver como nuestras sonrisas opacan el smog de incertidumbre que se enraíza en nuestro caminar. Pero juntos tomados de la mano, viendo el atardecer de cada día, podríamos llegar a susurrar a cada uno un te amo. Sé es estoy enamorada de tu mirada, es que es tan profunda, que se mete en mi alma, la eleva y la inunda.  Estoy enamorada de tus manos, de tu lengua y hasta de tus oídos. Estoy enamorada de tu piel tan trasparente. Estoy enamorada de las cicatrices de varicela en tu labio superior, que bailan cada vez que dices mi amor.  Antes de ti, jamás imagine que un día iba a sentir algo así y que un amor tan mágico viviría. Fuiste la luz de mi vida, mi musa preferida, pero todo se acabó. Fuiste un tango, puro y duro, que ya no quiero ni cantar. Fuiste un caballero de verdad. Que duró 15 minutos y ahora me dejas en luto. Fuiste todo, pero fuiste. Y recuerda que nunca dejaras de mi boca escuchar y decir que: Yo quiero ser tu amor por siempre, por siempre, por siempre. Dejaras un gran dolor en mí. Te iras llevándote consigo la ilusión que un día tu serías solamente para mí. Cuando estés tu sin mí, y ya no sepas que hacer con tanto amor, ese que era para mí, al viento lo podrás dar, para que de él, miles de mariposas vuelvan a volar. Comprenderé algún día, no lo sé, que el amor que un día yo te di, no alcanzó a llenarte el corazón y por eso entenderé que tú te vas, alejándote de mí y sin mirar hacia atrás. Ese amor, que tan locos nos hizo, ya sé que hoy si se fue y nunca más volvió.

 Y aunque pase el tiempo y seas feliz con alguien más, recuerda que no hay nada que haga que me olvide de ti. A  la persona con quien tú has decido irte, no sé si ella sepa, que no hay persona como tú, aquí en la tierra, que solo tú has logrado despejar tantas tormentas de mi vida y ser tan unido a mi como lo es la tierra al sol. Y esa persona que tendrá el acceso a tu corazón merece tu amor, ¡vaya! que bendición, pudo haber sido yo.  Te prometo no vuelvo a llorar. Sé los felices que podrán estar, pero los pediré que cuiden lo que yo soñé, que vivan lo que siempre lo quise para nosotros. De corazón amanse. Por favor no te olvides de mí.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Otro semestre que pasa.

Hoy terminó el semestre. 
El más largo sin duda. Inicio el 18 de Julio y termina hoy, 7 de marzo, 8 meses y tres semanas. Un semestre con el paro más largo que he vivido. No puedo renegar de él. Si no fuera por el paro, no hubiera conocido tan maravillosas personas y no hubiera hecho todo lo que hice, pero esto ya esta en una entrada anterior. 
Hoy y con mucho temor, veo mis notas y podría gritar de la alegría al decir que ya estaba en NOVENO, de Medicina. Ya no tendría que verle el rostro a la cirujana mayor que SIEMPRE SIEMPRE SIEMPRE me causó algo de temor, incomodidad y desasosiego. Prometí ser mejor el próximo semestre, seguir adelante en mi sueño y no dejarme aplastar. Me di cuenta que podía hacer mis trabajos de investigación solo y que era capaz de sacarlo adelante sin que los compañeros de mi universidad me ayudaran. Este semestre, academicista hablando, tuve solo una discusión, pues no me llego una información a mi correo. Eso fue bueno. Solo una discusión. Este semestre, al igual que el pasado y bueno, en sí, los futuros, no hubo celebración ni la habrá, con mis compañeros. Simplemente eso son. Compañeros. Yo que soy tan amiguero, no he podido compaginar con el grupo. Claro esta que les saludo, les converso, estudio con ellos, comparto algunas cosas dependiendo de la ocasión, pero en sí, he sido y seré cerrado a ellos. Pues tras el episodio de burla al que fui sometido cuando los conocí, desde allí, ni más ni menos. Relaciones perdida, por lo menos con esas tres personas que encabezaron la incineración de mi amistad. Ya poco me molesta que ellos o que otros sepan lo que me pasa. Muchas veces, trate de contar mis cosas pero percibí que me equivocaba. En si, tal vez mi parte de “ogro” sea la que domine mi ser.

Me siento feliz de culminar este semestre y pasar al área de Materno- Infantil. Auguro un buen año en ello. Estudio y más estudio. Investigaciones por venir. “Regalarme” cuando sea necesario. Y sobre todo crecer como persona siendo amable, siendo sincero, responsable y tomando la batuta, nada de opacarme… debo demostrar siempre esa luz. Confió en que tendré un excelente año. 

Espero no cambiar mucho mi forma de ser…

martes, 28 de febrero de 2012

Dos sacerdotes amantes.

Una pareja de novios se suicida, es una pareja de sacerdotes, estos hombres que a pesar de ser ministros de la iglesia católica, que no ve con buenos ojos las relaciones entre mujeres o entre hombres, pero no es por ser una relación de homosexual, pues este término no se conocía en la época antes de Jesús. Lo que se sabe es que es una mala interpretación de un pasaje bíblico donde se condena la prostitución masculina.  

La frase que se dice en la eucaristía y que tanto predico Jesús “Amanse los unos a los otros” viene con excepciones. Cuanto duele amar, que es preferible morir. Cuanto duele no estar al lado de esa persona que te cuida, que te pregunta como estas, que te ayuda en la enfermedad… independiente que sea mujer o hombre. Yo creo que uno debe amar a alguien sin importar su sexo.

Estos hombres, imagino, que en su soledad, en su encierro, en su devoción a Dios, en su castidad inmaculada y terrena, pudieron conocer que era amar. Es como el caso de los dos judíos homosexuales en Alemania, llevados a un campo de concentración y con sus miradas desde lo lejos, podían decirse cuanto se amaban, incluso podían sentir sus besos y caricias, mientras eran vigilados por los guardias Nazis. En estas situaciones, es cuando uno se pone a pensar que es el amar y si vale la pena morir por ello!

Morir por lo que uno tanto desea, porque el mundo es ciego y amenaza con convertirte en un muerto en vida.


Esos besos que ya no son míos.

Una pequeña historia, que resultó de un momento sentimental por el que pasé. Como siempre he cambiado el orden de los factores y los personajes. Afortunadamente solo fue una historia, que fue real.

Lo único que hizo mal, fue vivir lejos. Su amor, aunque para ella intacto, empezó a derrumbarse. Las redes sociales hicieron que tuvieran más celos, que se cuestionaran lo que les sucedía. Estaban en un mar de sombras. Pero ella se confió de lo dicho por él; se reprochaban lo que se decían por mensajes, sabían que no hablaban bien o mejor dicho que no sabían que palabras utilizar en el momento de sus discusiones. Esas palabras los afectaban a ambos, sin querer llegar a eso. Presumían conocerse y se recalcaban este hecho, pero en si no se conocían. Eran dos extraños que se llamaban a diario y compartían cada momento de sus vidas convertidos en códigos binarios. Algunas cosas faltaban, colgaban y se volvían a llamar para decirlas. Bueno, algunas veces esto si sucedía, pero en su gran mayoría se alcanzaban a decían todo.

Ella no entendía que estaba pasando. De nuevo su corazón estaba quedando solo. Sólo con su soledad, sólo con sus sentimientos, su amargura y su tristeza. Otra vez lo lúgubre de su vida tomaba el poder en ese barco a la deriva. Que angustia tan increíble, que desgracia tan infinita estaba pasando. Se preguntaba ¿Qué era lo que estaba haciendo mal? ¿Qué fue lo que no hizo o dejo de hacer? ¿Porque no se dio cuenta antes? ¿Que eran esos cambios?, ¿Eran evidentes o solo era ella que lo sentía? ¿Porque él no le decía la verdad? ¿Qué fue lo que hizo? Eso siempre se lo preguntaría.

Suspiraba para no llorar. Pero en su casa, sentada junto a su gato, veía como sus sentimientos se despilfarraban por sus mejillas impactando en el piso. Pensó que ese mismo instante lo estaría sufriendo él, por no tenerla a su lado. Esto no era justo. Tal vez no había culpables, tal vez solo eran ellos dos los culpables, pero no uno solo. Ella tenía más ideas de culpa, ella fue la que se dejó enamorar, ella sabía que sería muy duro y confió en que la distancia no sería impedimento para amar. Confío en las palabras de él. Aquella vez que se miraron a los ojos, cerca del jarillón del río Meléndez, allí en esa tarde de Noviembre cuando el sol estaba por irse al occidente del planeta, se prometieron estar juntos y luchar por ese amor inmaculado que empezaba a florecer. Malditas ideas de culpa que invadían su mente, malditas por siempre.

A qué horas dejó que su vida fuera controlada por el amor. ¿Porque dejó que la cegara esas palabras románticas de eterna felicidad? ¿Ah? ¿Preguntas sin respuesta acaso? Maldita la hora en que dejó entrar ese estúpido sentimiento. Tanto tiempo en tinieblas y tuvo que ver esa luz de vida, caliente y amañadora, para nada. ¡Que locura! Dio ese primer pasó sin saber lo que le afrontaba, pero no quería quedarse a ver como la iba a aplastar la desilusión del amor. Terrible sentimiento si lo piensa uno muy bien. Desgracia infinita la de enamorarse de alguien que vive a kilómetros y peor si lo tienes a la vuelta de la esquina. Mínimo te dejaría porque lo tienes cerca. Hipócritas de miedo. 

Se sentó en la biblioteca. Bueno, en un pasillo de ésta, a esperar a sus compañeros de clase para trabajar. Vio como el mundo giraba al lado de ella, esos pasos, esas risas, esos gritos, esas sombras humanas que corrían apuradas y otras que solo deambulaban taciturnas. A pesar de todo trato de sonreír, pero el recuerdo de su actual amor, solo le dejo asomar en su rostro una muy tenue e infame sonrisa. Suspiro tras suspiro, pensaba que con ello su dolor se iría. ¿Cómo volver a la normalidad? ¿Cómo? Las imágenes de su novio, besando, acariciando y amada a otra mujer las idealizó en su retina. Infame, maldita, descarada. Una ladrona. Una descarada. Que rabia, que ira, que dolor, que… que… no aguantaba más el estar así. Eran imágenes. En verdad ella desconocía cual era el motivo de estar perdiendo a su amor. En su interior pensaba que la culpa la tuviera ella, por estar lejos y que no fuera que una intrusa estuviera dándole el amor que ella no había podido dar al máximo en estos 7 meses de haber enlazado sus brazos bajo la luz de Andrómeda. Que doloroso va a hacer darse cuenta que su cuerpo no volvería a ser tocado, incluso que sus olores no se mezclarían invadiendo de fragancia la habitación; que sus labios despintaran los suyos; que su piel no se manchara más de sus besos; que sus cabelleras no estarían atrapadas en sus manos; que no vería la sonrisa cuando en su boca cayeran cabellos de su cabeza;  que el sudor de su espalda no humedecería su pecho y no vería como esas gotas bajaran desde su soleada melena recorriendo la espalda hasta terminar en esos lindos huequitos cercanos al inicio de sus lustrados glúteos; y que sus piernas jamás se volverían a cruzar en la esquinas de la cama.

Cuanto añoro que sus ojos se encontraran de nuevo y recordar el impacto del sol en sus ojos, así como cuando se vieron por primera vez a la cara. Día tras día, pidió volver a juntar sus manos; sus sueños por realizar; Pero ahora, empezó a pensar que solo fue eso, sueños. Sueños que no verán la luz, se quedarían en el mundo de Platón. Su mundo mágico se derrumbaba segundo a segundo, y como se filtraba por esos fuertes muros construidos de ilusión, la duda y la discordia. ¿Qué hizo mal? ¿Qué? Pensó que la única forma de estar a su lado era muriendo. En la muerte sería feliz y tendría la paz tan anhelada; y si esta muerte seria por amor, podría acompañarlo por siempre y sentir su respiración y verlo cada noche como lo deseo. Anochecer y amanecer a su lado. Eso quería. Eso anhelaba. Sentir su aliento pétreo de las mañanas y hacerle bromas por esto, preparar algo de desayunar y comerlo juntos, acostados aún en la cama, sin hablarse, solo mirándose a los ojos y saber que lo único que dicen es esa palabra tan particularmente lejana. Te amo. Maldita palabra, maldita por siempre. Maldita, mil veces maldita. No tenía ganas de nada, su amor tal vez ya no era correspondido. Quizás era lo mejor. Si como no, lo mejor.  Pensó con su habitual sonrisa en el rostro, que saldría adelante. Viviría momentos parecidos con otra persona, pero no olvidaría lo que había vivido. Hay que trascender, pero que duro será eso. Lloraría mucho esas lágrimas de mar para olvidar. Sí no hubiera convertido su amistad, no tendría por qué llorar en estos momentos. Al fin y al cabo lo único que consiguió fue una firme y bella amistad, que perduraría hasta el momento que abandonara este planeta. Utópica promesa que anhela se vuelva muy cierta.

 

 

Como voy a vivir sin vos. Respóndeme aunque sea para dejar de ser tan imbécil en esta vida de lamentos, de difuntos, de lacras y engaños. ¿Dónde está lo que somos? ¿Porque ahora es lo que éramos? ¿Que pasara entonces? Un adiós y ya. Asunto olvidado. ¿Que pasara conmigo y nuestros sueños? Mi corazón siempre, siempre, siempre será tuyo…

 

Sabía muy bien, que debía ser valiente y continuar el camino de piedras. Sabía perfectamente, como que el sol es una bola de gas incandescente, que su amor fue sincero y que jamás, jamás, jamás tendría uno como aquel. Como aquel amor que él le dio desde el momento en que le conoció.  

 

 

Ahora es consiente, después de tanto llorar y pensar, que no puede llegar a imaginar cuanto duele despertar y no tenerlo, no se imagina sus noches sin luna que oscurece la casa del oeste… Allí regresaría arrastrando su alma, caminando entre los árboles del parque del Perro; allí regreso bañada en lágrimas, con sus ojos llenos de amaneceres, desdichada y cansada. Admitiendo que no era justo que él sufriera por no poder tenerla cada día y poder besarla en la noche, y aunque su amor era eterno, por ahora debía dar un paso al lado y dejarlo seguir, que fuera libre de esta atadura tan fría que los estaba uniendo. Él no soportaba más estos inviernos y solo verle cada mes, necesitaba esa alma de mujer a la que pudiera rodear con sus brazos y decirle cuanto le amaba. Ella le dijo que le esperaría cuanto fuese necesario, que en verdad le amaba como a ninguna otra persona, pero eso no bastó para que el dolor sentido fuera curado. Valiente amor, que no ayuda a nada y más daño hace. Maldito sentimiento. Quizás el amor no sea el eje del mundo. Hasta él se lo aseguro. Pero siempre confió, por lo que aprendió que sí lo era. Pero terriblemente debía saber que su felicidad seria a costa de este amor. Que ya no más, que en un futuro cuando sus corazones latieran al tiempo y a la misma altura sobre el nivel del mar, volverían a unirse para nunca jamás separarse y ser solo uno. Un solo ser lleno de amor, de ilusiones por vivir. Solo hasta entonces ella sería feliz. Pero él, le decía que no, que fuera libre, que si él se liberaría de esas cadenas, ella no debería seguir atada. Pero no acepto. Preferiría mantener esa vela encendida, hasta que el volviera de su viaja y con la misma envergadura de sus brazos lo abrazaría hasta que sus suspiros llenaran sus almas de nuevo. 

domingo, 26 de febrero de 2012

Esperando por vos.


Me gusta acariciarte con mis palabras

Porque en este mundo virtual

Donde no existe la piel sino las sensaciones

Solo ellas pueden llegar hasta vos

Y hacerte sentir lo que yo siento

Me gusta dejar que escapen

Para que jueguen con tu piel

Trepen hacia tu boca

Y al llegar a tus oídos aniden allí

Y así, queden en vos

Escondidas en la magia del instante

Como el más dulce de los secretos

Me gusta halagarte

Porque despiertas mi deseo

Porque provocas mi ternura

Porque mi tiempo transcurre en el sueño del tiempo compartido

En la esperanza de los tiempos acordados

En las ganas huérfanas de vos

Me gusta soñarte porque te siento sin sentirte

Porque te veo aun sin verte

Porque te espero y te seguiré esperando

Porque sé que estás ahí esperando por mí

Este en definitiva soy yo un soñador romántico

Y apasionado

Tan solo un hombre solo esperando siempre por vos


sábado, 28 de enero de 2012

De mis historias de amor.

Soy Sebastián Zuluaga y estoy enamorado. Alguna vez pensé que enamorarse era parte de la vida, casi como una obligación, algo que debía hacer en algún momento. Sin embargo en estos 4 meses me he dado cuenta que estaba muy equivocado en la palabra “obligación” y la he cambiado por “privilegio”, simplemente digamos que alguien ha hecho que cambie de opinión. La niña de la que les hablo que hace latir el corazón se llama Alejandra y cuando hablo con ella hago caras extrañas que todos notan.

Puede decirse que fue accidental o algo que debía pasar, sea como sea la conocí de una manera no personal. Hablamos y hablamos por horas nos contamos secretos, dijimos locuras, hasta que yo me despedí con un “me gustas” y me fui. Después de eso ella se convirtió en mi adicción, no podía dejar de hablarle y quería verla como fuera, robarle un beso o al menos abrazarla si mi yo-atrevido no salía a relucir en la situación.

Lo había planeado por días, iba a verla, iba a tenerla entre mis brazos, iba a acariciarle su rostro. Luego de mucha espera, retrasos que no dependían de mi y otras partes de ese día que lo único que hacían era irradiar ira por perder horas de ver a mi amor, llegó y subió aquella loma que me acercaba a sus mejillas a medida que yo tenía el corazón en la mano y pesaba “¿Esta camisa hindú estará bien?” “¿Le gustaré?” “¿Estoy bien peinado?” “Estoy demasiado sudado, ¿lo notará?”.  Y luego la vi, estaba justo en frente de mí, subiendo esas escaleras a toda velocidad pero yo la veía en cámara lenta, su cabello ondeaba al viento y sus ojos de largas pestañas, ocultos bajo esa sonrisa, parecían una fantasía traídos desde una tierra árabe, tan sensuales como las historias de la Scheherazade. Una vez llegó abajo notó, que me acompañaba un niño que se alejó un poco del escenario y de sorpresa me dio un abrazo que me acercó a su olor a naranja penetrante y a la suavidad de su cabello, jamás me había sentido tan querido, tan apreciado. Mi mano derecha se posaba en su cabeza y la izquierda rodeando su cintura, ella sujetaba mi cuello como si no quisiera apartarse nunca de él.

Después de ese momento en que se nos olvidó el mundo, abrimos nuestros ojos y nos separamos un poco no sin antes reparar de nuevo en el único espectador de nuestro primer encuentro, lo introduje como mi mejor amigo y ella reparó en que si fuera mujer se llamaría igual a un personaje de un programa de televisión, Daniela Franco. Nos miraba con una sonrisa de oreja a oreja, era apuesto pero ella decía que definitivamente había nacido con talla baja.

Él simplemente la saludó pues quería conocerla y se despidió de nosotros, no obstante sólo tenía ojos para sus ojos anochecidos y me despedí con un “chao, nos vamos mañana”. 3 meses para conocerla, 3 meses en los que no hacía más que pensar en ella en mis rondas del hospital, 3 meses gastándome (prefiero decir invirtiendo) mis minutos del celular en esa personita que me cautivó el corazón y que encontré por accidente, y ella estaba ahí, podía tocarla, olerla, mirarla. Es más, estaba tan emocionado que temí perder el equilibrio y me recosté en una pared disimuladamente para que ella no notara lo agotado que estaba.

Le di un recorrido por mi facultad y yo me sentía más enamorado que antes, no podía dejar de ver las vetas rojizas que brillaban en su cabello oscuro y esos ojos, esos ojos que no vi antes. Me dijo que no había comido nada porque no había tenido mucho tiempo, así que la llevé hasta mi auto para llevarla a comer al sitio de comida vegetariana que tanto me gusta. Mis fantasías se vieron cumplidas cuando por fin, luego de meses esperando y de esa tarde paseando a su lado con un corazón desgarrándose de la emoción, pude tocar esos labios que llamaban a los míos a gritos. El primer beso fue un desastre pues nuestras narices chocaron fruto de mi inexperiencia amorosa y apenas pude rozar su boca, pero el segundo compensó el anterior y superó mis sueños, jamás había besado labios tan suaves y cariñosos como los suyos. Se me erizó la piel y lo único que pude decir al encender el auto fue “Besas muy rico”.

 

Puede que no vivamos cerca, no nos veamos mucho, no podamos besarnos y tomarnos de la mano cada vez que queramos ¿y eso qué? ¡La amo! Es apresurado y algunos dicen que el amor no puede darse luego de tan poco tiempo de habernos hablado, yo no lo creo así. Puede que sea un iluso, un ciego, un loco, y en este momento no me importa porque sólo veo por esos ojos de noche.

Ella es mi primer amor, la primera persona con la que puedo decir que estaría dichoso de compartir el resto de mi vida, mis deseos, mis logros y aunque sé que yo no soy el primero por el que ella siente esto, quiero ser el último, el que la despierte con un beso en cada mañana y le acaricie sus cabellos. Incluso ya sabemos cómo se llamarán nuestros hijos, Lucía y Alejandro, ella dice que quiere que Alejandro se parezca más a mí; sabemos también dónde viviremos, en qué país, a qué nos dedicaremos, por qué playas pasearemos tomados de la mano.

Algo que a ella le molesta un poco es que puedo llegar a ser bastante celoso y me molesta que hable mucho a sus amigos hombres porque es algo coqueta para ser sincero. Y para hacer este amor algo más raro, creo que esos celos son parte de lo que me enloquece de ella,  aparte de su temperamento tan efímero y volátil, su brillantez y su forma tsundere de decirme que me quiere. La extraño y cada día deseo que entre sus ocupaciones y las mías podamos vernos, que se acuerde de mí, que me ame, que me extrañe, que tenga un tiempo para poder llamar y decirle “Te amo mi princesa alada de mis sueños más hermosos y ojos anochecidos”.

Yo no he tenido una vida muy feliz y creo que este no es el momento para escribir detalles, pero siento que cuando veo esos ojos negros, me sonríe, mira hacia arriba y me dice “Oppa” siento que todo de lo malo que tuvo el pasado lo tendrá de feliz el futuro.