Es extraño extrañar a un extraño. Somos extraños que nos extrañamos y es tan extraño que sin duda alguna, extraño extrañarte, pues siempre te extraño extraño.
Vivir es un drama, hay drama para todo, hasta para comer, respirar y amar! Mi vida, mi drama! Soy ValdeDrama!
lunes, 29 de octubre de 2012
miércoles, 24 de octubre de 2012
Esas frases.
Y me gusta las frases que me escribes.
Esas frases que en segundos enamoran.
Me gusta sentir como la piel de mi rostro se pone roja al leerlas y pensar que las dices para mí.
Para este extraño que apareció en tu vida.
Frases que anhelo escuchar y ya no son tan lejanas.
Esas frases que se salen de tu mente.
Esas frases que me invitan a buscar más allá de tu mirada feliz, de tus ojos negros y de esos labios que me dan besos sabor de fresa.
Esas frases con fragancia eterna, de canela y vainilla.
Esas frases que escucharé al oído mientras duermo.
Esas frases que repasaré una y otra vez antes de dormir.
domingo, 21 de octubre de 2012
Sentado en este sitio.
Estoy sentado en este sitio. con tantos ojos analizando el por qué de estar, yo, tan taciturno. tal vez no sea el mejor lugar para estar en soledad, pues todos van en duplo a este sitio y yo, vengo en edición limitada con el triste anuncio de "complemento viene por separado". Da igual entonces. Pero son épocas en que deseo utilizar mi parla, pro no tengo con quien poder dialogar, en si, no es malo, pero es algo desagradable como esos ojos me miran como si hiciera parte del itinerario de su programa de su noche, en este sitio. El sitio es lindo. Es agradable. Tiene un estilo moderno, conservador y artístico pero sin duda es un sitio donde es necesario estar feliz para disfrutarlo. No es como aquellos sitios en que uno puede sentarse solo y a tu alrededor todos estarán tan ausentes como si estuvieran en coma, sentados, con sus ojos en la bebida, recordando el pasado, ese pasado que fue mejor, en que cogidos de la mano bajo el sol naranja se prometían un idilio de amor con su amante de turno. Que va. No sé si gaste mi dinero en vano, pero podre decir que fui a ese sitio. No es que yo extrañe la compañía de otra persona a mi lado. No. Es el sitio que te invita a estar en duplo, en trío, en una orgía de rechiflas, chismes y risas.
Hago una pausa, la mesera se acerca y me dice que si quiero uno más! ¿Otro cóctel? Me rió y le digo que si! que me de un Margarita, y lo digo mientras escucho a una chica cerca a mi, conversar con un joven que se dejo la barba hace más de una década que ella prefiere estar ahora en Alemania. Este duplo se ríe Mientras el duplo de una señora rubia crespa y un hombre sin pelo miran atentos un programa que dan en ingles sobre el modelaje. Que extraño suceso. Yo desearía estar en un país extranjero, para ser un feliz taciturno que toma una bebida sin que esos ojos se interroguen entre si, cual es el motivo de mi presencia en ese sitio y ademas sin duplo.
Llegó la Margarita y mientras la ponen en mi mesita café, donde pernoto, empieza a sonar "Te busco". ¿Sabes? creo que ya te encontré. Esas estrellas que me alumbran a tu sonrisa. Me preguntan de nuevo sobre los cócteles. Están muy buenos. No ve que ya me estoy riendo y diciendo cosas a las estrellas sobre esa persona a la que ya encontré. Entonces le digo que si, que lo están y lo digo en un mareo cósmico que me hace soltar mi Ipod. Y empiezo a pensar, creo que estoy pasando bien, los alcohólicos somos buena gente. ahora sonrió y me arrepiento de admitir mi alcoholismo. Pero ya lo copie y me da pereza borrar la frase. También debo admitir que aparte de alcohólico soy malo. Soy malo y eso me hace llorar. Pero hoy no lloro, aunque ya sepa que soy malo.
Ignorare este lapsus. Yo ya no estoy consciente. Ya me dio remordimiento de todo el dinero que he gastado esta noche en este sitio. Pero que va, ya me lo tomé y me voy a mi casa. Dormiré y ya no veré esos ojos. Los que me vieron tomarme todo estas bebidas para no sentirme culpable por no estar en un duplo. La próxima vez vengo en duplo, así no me diga nada! Pero que me acompañe para que esos ojos ya no me miren en este sitio.
viernes, 19 de octubre de 2012
Por raticos.
Es lindo verte , aunque solo sea por raticos.
Esos raticos en que solo veo tus ojos, esas pupilas grandes .
Tus labios fresa, delgados y tan suaves.
Tus perlas en la boca que se asoman al reír.
Tus brazos tan fuertes que me quitan el aire.
Tus besos que me llegan al alma, que me embrujan, que me elevan y me hacen olvidar por instantes que hago parte de este mundo.
Tu, quien llegaste, quien me sonríe y hermosamente hace que la vida tenga ese tono rosa y naranja que siempre debe tener.
miércoles, 3 de octubre de 2012
A su lado.
Era media noche y me llamó. Me sorprendió, debo confesar. Mi corazón latía a montón, como cada vez que me habla o veo aparecer su nombre en mi móvil. Estaba un poco ebrio, con aliento a licor y su cara picara que incita a pecar. Sonreía mientras se tambalea. Se acostó en mi cama, yo me senté a su lado, sobre una silla gris. Lo miraba atento y me sentía feliz de verlo acostado en mi cama. Me pidió que lo acompañara en el sueño, total, era mi cama la que ya ocupaba. Tomo mi mano con ligereza y la llevo a su pecho, empuñando mi mano junto a la suya. Y nuestros cuerpos se acercaron. Mi corazón latía. Su sudor etílico se confundía con el mío, que era de miedo y satisfacción. Toqué su rostro. Era suave. Vi su nariz, sus labios y orejas. sonreía al verle dormir y al escuchar sus gélidos gemidos que hacia mientras intentaba conciliar el sueño.
Sus nalgas se acomodaron en mi ingle. Mis rodillas en su región poplitea. Y mi cabeza se quedo sobre sus hombros. Olí su aroma en medio del alcohol, que fragante era. Siempre lo ha sido. Solo desee dormir a su lado, pero sobrio, creía que era mejor. Que estuvieras consciente de mi ser y no pareciera una ilusión al día siguiente.
Sus sueños vividos me despertaban más que a él. Dormía por segundos y de repente entraba en una charla incoherente que me hacia reír y a la vez preocuparme. Al fin descansamos. dormimos juntos. dormimos en paz. como si nos conociéramos de toda la vida, como si fueras mi luna y yo tu sol, esperando el eclipse para estar juntos.
A la mañana siguiente, sentiste la tranquilidad de estar a salvo. Para mi la noche mas mágica, para ti solo fue un breve momento de tu lunática noche que termino en medio de los brazos conocidos. Sentiste preocupación, pero te dije que tu virtud seguía intacta, al menos durante el tiempo en mi cama. Con la sonrisa picara me diste un beso en la mejilla. Te fuiste para nunca más volver.
viernes, 7 de septiembre de 2012
Arreboles.
Es extraño ver donde estas, pero no ver tu cara.
Debo confesar que visitarte ya no es tan agradable.
Pues tu no me hablas, tu no me miras, tu estas ahí acostada en medio de la hierba.
Voy a visitarte, no por capriño, solo porque me gusta hacerlo. Llevarte rosas que adornen tu prado.
Imagino que te complace mi visita.
Imagino que aún me abrazas por la espalda y me susurras "Jorgito".
Imagino que aún estas por allí con tus ideas, tus colores y fragancias.
Trato de imaginar tu risa y tu voz, que reproduzco en mi cabeza y espero no se vayan.
Estoy seguro que algún momento te volveré a ver, te hablaré y nos daremos un abrazo bajo el sol cubre las nubes de un tenue naranja, en una tarde de arreboles.
Pero por lo pronto veo el atardecer desde donde tu cuerpo descansa.
Te quiero mucho querida amiga mía.
Para Mandina Rodriguez.
domingo, 22 de julio de 2012
La verdad (Esos besos que no son míos III)
"Nunca más oíste tu hablar de mí. en cambio yo seguí pensando en ti. De toda esta nostalgia que me quedó y del tiempo que pasó, no te olvidaré"- Escuchó Alejandra Holguín, acostada en su cama junto a su gato, sollozando con agonía por verdad que rondaba su mente y su espíritu. "Ya no te amo". Le daba golpes a la mesa, a su cama y a la pared de la casa del Oeste. Cuando le dijo que ya no le amaba, agarró su cara entre las manos, se halo los ojos deseando sacarlos de sus cuencas, tomo los dibujos enmarcados que Sebastian le había obsequiado, los arrojo por toda la habitación y se quedaron rotos por el suelo. Levemente se acerco a ellos y los estrujo sobre su pecho y lloró de rabia. Lagrimas y sangre se mezclaron. Su alma en mil pedazos ahora estaba. Lloraba viendo ese mar de recuerdos.
La distancia y su cambio de humor incompresible terminaron por destruir ese castillo en las nubes. Ahora era un hecho real. Se disolvía el binomio. Fueron 8 meses de un cuento mágico atacado por dragones y gnomos. Pero ella no podía aún asimilar que mientras ella se batía entre los embrollos más banales, su ser amado construía un nuevo lazo amoroso, del cual ella ya no era una opción valida.
Con la cara llena de lagrimas negras, muriendo en su cama de ese dolor que no se puede clasificar ni por el mejor semiologo francés, empezó a recordar cada uno de los fatídicos momentos, pidiéndole a Dios que a cambio de su vida le permitiera regresar al pasado. Y su mente empezó a relatar lo que para ella era un mal sueño del que deseaba despertar. Pero era imposible.
Recordó cando dibujaron un corazón que entrelazaba las inicias de sus nombres, sobre la corteza de un árbol cerca a su casa, para inmortalizar su amorío. Alejandra en su melancolía empezó una perorata nocturna: En ese parque hablamos sobre el amor que nos teníamos, hablamos sobre los kilómetros que nos separaban pero que seriamos uno, incluso caminamos por las hojas secas de los arboles que trajeron alusión del sueñe premonitorio en el que la piel de la serpiente se quedaba atrapada en el humus y la voz nos decía que sufriríamos, pero a la final nuestras manos no se separarían. Así pasaron los días y veíamos como los latidos eran al unisono y los ronroneo del gato nos mantenía unidos, como debió ser. Admito que tuvimos peleas muy fuertes, llorábamos y nos dejábamos de hablar. No sé si era la costumbre, pero en mi casa cuando alguien se enojaba deja de hablar. No entiendo que sucedió ahora, porque antes cuando nos peliabamos, volviamos a juntábamos con mas apego, para terminar sudando y gimiendo entre sabanas, diciendo el nombre del otro al tiempo, hasta nos brotaba un orgasmico TE AMO!
Sentía el adiós como un disparo, como una farsa, como si todo lo vivido solo se quedaba en su mente, en la nostalgia del ayer. Se preguntaba si su amante había llorado al pensar las palabras para terminar la relación. Se preguntaba si guardaba su foto, como ella hacia con las de él. En que momento aceptaría la realidad, por más que lo negara, por más que apelara a la cordura, sentía el dolor inminente de la muerte, al pensar que los besos que la hacian suspirar y olvidarse de todo, esos besos ya no eran suyos.
Desequilibrio de amor.
Tú y yo. Yo sin ti. Tu sin mi... no logro articular otro
pensar que este terrible sentimiento. Y esta tristeza que
se abre como la boca de un muerto tiznando todo a su paso, su sombra
que huye en la oscuridad, su soledad tan única, un grito que sale del pecho,
una lagrima que recorre la mejilla mientras se leen las palabras del amor no correspondido. Yo lloré un río Magdalena
en mi cama. Yo grite más alto que los criollos el día de independencia. Yo gemí más que una parturienta. Un sentimiento que me hiciste abortar,
gangrenando mi visceralidad, mi fuerza, mi esperanza de niña rebelde. Y
nadie me escucha en esta coraza, sola vagando sin tu amor, como una fruta
podrida que se cae de la rama más alta del árbol que sembramos una tarde de noviembre mientras me prometiste amor eterno. Un amor que se disipó y ahora lo vuelves a tener con aquella que llegó en el momento indicado, según tu insolente opinión.
Y se increpo la
voz desde el fondo de la garganta, con tan solo gemidos mientras pataleaba entre dibujos y vidrios, entre las falsas promesas de amor en cartas y en el sí bemol. Mi mundo acuarela se derritió en colores de espanto y muerte con mi leprosa realidad. Trozo a trozo desarmándome como
si fuera un hechizo de Cenicienta. Aislada en una pequeña burbuja, creía que el
olor de la podredumbre no me alcanzaría jamás. Pero no supe cuando te soltaste y dejaste de endosarme mi cheque de miles de te
amo a mi nombre. La magia de los dragones y gnomos que nos rodearon fueron más
fuertes que las espadas que forjamos en estos 8 ciclos de luna. Te fuiste sin
decirlo, sin darme cuenta. Culpable yo, yo absoluta, simplemente
yo, por ser tan terrible como soy, por no medir mi fuerza, por sobrepasar las
reglas, por imponer mi voz, esa que ya no me sale y que solloza de pavor solo
al ver tu luz fulgurando cual veleta alrededor de una
fogata que huele a hierbas y café.
Todos se alistan para la fiesta, mientras yo
me dibujó una sonrisa de payaso para sobrellevar esa tortura de aceptar que
no tendré el sabor de frambuesa de tus labios recorriendo mi cuello una vez
más. Desde cuando el viento cambio de dirección y deje de ser la bandera roja
del norte que te indicaba la meta. Mientras me deshago de mis armas y mis
flores, no dejo de recordar aquellas tardes cuando el sol se filtraba por las cortinas como insignia de nuestra aventura, con las sabanas empapadas de sudor, tomados de la manos con tanta fuerza, pasando la tarde confinados en un cuarto de cielo esmeralda y tonos rojos como el latir de nuestros corazones, allí donde las manecillas giraban con la parsimonia que hacia posible el efímero
encuentro tan temido por los carceleros, tus carceleros indómitos a mi primavera de colores.
Volaste lejos, en tu camino ya no estaba mi nombre y tu fuego se apago, deje de suspirar, como si el aire se me acabara. Me arroje a un acantilado rocoso, sentí el millar de agujas importándome en los ojos. Cuando los abrí, tu rostro había desaparecido. Solo oscuridad y un abismo de ansiedad y desespero que se enredaba en mis manos, en mis piernas, en mi cabello, no valía la pena gritar, mi salvador desaparecido no me reanimará y solo en una idea delirante de mi mente trastornada y falta de amor, sentía tus manos sobre mi cuerpo amándome de nuevo como si nunca hubiéramos salido de ese pequeño cuarto de alquiler para amantes fortuitos.
viernes, 15 de junio de 2012
Lagrimas de sangre.
Tan feliz que se le veía. Tan unida a su familia. Con sus vestidos de los
años 50 traídos a la modernidad, algunos imitando el estilo de Jackie Kennedy,
siempre maquillada y lista para salir. Catando vinos, riendo y paseando de la
mano de su esposo, el prestigioso medico, el doctor Eduardo Valder. Era ella,
Juanita Valder, quien ahora con unos años de más se sentaba a mirar el sol de
la tarde sin nada que hacer, con una tasa de café fría y amarga, recordando el
pasado, añorando sueños no cumplidos y esperando a que su esposo y única hija
regresaran a casa o al menos la llamaran para decirle que el trafico estaba insufrible
y tardarían en llegar. Cada día se había vuelto igual, sabia que era fin de
semana por que su hija Lucia Valder no hacia ruido al marcharse al instituto y
que iniciaba el Lunes, porque la casa quedaba vacía. Las únicas exhalaciones
que hacia durante su eterna estancia en casa eran suspiros. Ya no llevaba el
cabello lacio y planchado sobre sus hombros, no se ponía las perlas que su
madre le había regalado cuando se comprometió con el medico y su barniz de uñas
ya no estaba tan a la moda. Podría decirse que la mujer del aseo se vestía y se
veía mucho más presentable que ella. Su tristeza se había hecho más grande,
cuando su esposo empezó a dar conferencias por el país, pues había logrado un
gran hallazgo en el campo de las neurociencias y le requerían más a menudo, y
pues el doctor Valder se había negado a renunciar a su ardua labor en el
hospital; por lo tanto Juanita había pasado a otro plano, el del hogar y ya no
era digna de presentar en los eventos a los que asistían en la semana. Se
lamentaba no haber terminado su carrera. Hubiese sido magnifico estar en el
hospital entre pacientes, pensaba con melancolía. Siempre quiso ser pediatra,
pero cuando cursó pediatría se desilusiono al ver morir en sus manos a un recién nacido
y entró en una crisis que consiguió sacarla de la facultad, permaneciendo en
el pabellón de psiquiatría hasta que su esposo la encontró y empezó el romance.
Tal vez pensó que seria bueno ser una mujer promedio que se quede en casa a
cuidar a los hijos, verlos crecer y compartir con ellos, para ser una excelente
madre y darles una feliz infancia como la que tuvo en una pequeña ciudad del
sur del país. Pensó. Pero en realidad no había sido así. Antes de que su hija
naciera, ella bailaba y disfrutaba de la vida nocturna fuera con o sin su
esposo, pues las esposas de los médicos del hospital salían con frecuencia a
costillas de los sueldos hospitalarios. Juanita no era derrochadora, pues no tenía
la necesidad de depender de su esposo, ya que era la única hija de un
empresario de origen catalán y de una enfermera, que le dieron cuanto pudieron.
Cuanto añoraba su antigua vida, cuando se llamaba Juana Antonia Borell Ripoll-Rizo
y disfrutaba de los pastizales de su vieja granja en Portland, donde aún era
independiente y tenía autonomía sobre ella misma.
-¿Qué podría decir de mi esposo?, bueno, es un
hombre trabajador, amoroso, muy dedicado a su trabajo, es… algo molesto a veces
que no este en casa. En si es un buen padre. ¿Me lo preguntas?, claro que aún
lo amo, ¿Por qué debería de dejar de amarle? No, definitivamente no, Eduardo
solo me quiere a mí. Lo sé, lo sé. A todas no nos tiene que pasar eso, porque a
ti te haya pasado, no sig… perdón. Olvido que no debemos tocar ese tema. No te
vayas, quédate a cenar, preparé algo. Está bien nos veremos después.
Su hija ni la determinaba, Juanita alguna vez
creyó que solo era un útero y ya, nada más. Su hija era muy buena en el
instituto y lo único semejante que tenía era su sonrisa, el resto de Lucia era
el vivo retrato de las mujeres de la familia Valder. Los Valder, que familia tan
dispareja. Una familia aristócrata de creencias políticas de principio de
siglo, con un solar enorme, donde cada fin de mes, el desfile de vestidos y
pavas de todos los estilos adornaban el pasillo donde se sentaban a conversar.
Su suegra no hablaba, una cirugía de tiroides había destruido uno de los
nervios que les daba vitalidad a sus cuerdas vocales y solo mediante ademanes y
pequeñas sonrisas lograba trasmitir a su progenie cuanto pensaba, y aunque
alguno que otro sonido gutural se escapaba, la familia viraba la atención a
ella, esa mujer que los había criado sola, sin dejar atrás su posición social,
pues su esposo había fallecido cuando cabalgaba de noche por los linderos del
solar.
Un cero a la izquierda era más poderoso que ella.
Sin un detalle, sin ya una caricia o insinuación de su tan ocupado marido,
pasaba su deplorable existencia entre los diplomas, libros y fotografías familiares.
Tenía presente cuantos días habían pasado desde la ultima vez que su doctor la
hubiera examinado, cuantos días exactos habían pasado desde que dejo de
despedirse con un beso en la boca a un beso en la mejilla, luego un beso en la
frente y terriblemente un adiós desde la puerta de la habitación. Una tarde
empezó a fumar y así mitigó un tanto su soledad, luego empezó a beber cada una
de las reservas de vino, y después dejo de maquillarse y usar los vestidos de
diseñador. Parecía una deplorable anciana que no se asomaba a los 40 años, con
una bata salmón que le cubría el pecho y dejaba entrever unos muslos que habían
podido ser de exhibición. Con ojeras y unos cuantos cabellos rubios cubriéndole
uno de sus ojos, preparaba café para todo el día y lo tomaba amargo, sentada en
esa silla mohosa de tanto humo exhalado en ella. Se rascaba la cabeza con
amargura y se espantaba una que otra mosca que se le acercara a su cabeza. Parecía
inerte. Un ente. Y vio con desilusión como sus amigas ya no la invitaron más a
departir.
Se preguntaba vehemente cada tarde, cuando
despertaba de su sueño inducido por los fármacos recetados por su esposo, que había
hecho mal y como salir de ese agujero negro que llamaba vida. Y comenzó a
pensar en acciones oscuras, algo que una mujer de su clase no haría, en cosas
que ni cuando estudiaba medicina se le pasaron por la mente. Su marido era el
culpable. Su marido la había absorbido. Su marido nunca le dio su lugar y solo
era un útero, únicamente utilizada para concebir.
Un día cualquiera, preparó café negro, se puso una bata blanco, se pintó los labios, se trenzó el cabello y se sentó en una silla de la sala frente a la puerta de entrada, tomó sus cigarrillos y empezó a fumarlos uno a uno, esperando que fueran las 7 de la noche. Apagó la luz y solo el rojo de su cigarrillo se iluminaba mientras aspiraba grandes bocanadas que incrementaban su determinación a hacer lo que iba a hacer. Pasaba las 7 y 30, las luces del automóvil del doctor resplandecieron la sala al entrar por el gran ventanal con motivos católicos. Escuchó como la puerta eléctrica del garaje se abría, dándole paso al automóvil que se detuvo antes de chocar con la pared. Había sido un día arduo de cirugías y de consultas de pacientes y el doctor solo tenia en su mente cenar y dormir, pero no dormir para siempre. Así que sacó las llaves de su portafolio y abrió la puerta de su casa, donde hallaría a su amada esposa. Juanita aspiró el humo del cigarrillo, miró como su esposo abría la puerta y se posaba en medio de esta, deshizo su carrizo sacando una pequeña arma que escondía celosamente. Hola amor, pronuncio con desprecio, propinándole tres impactos de bala en su frente. El cuerpo del medico cayó impactando el piso de cerámica. Y la sangre emanó de su frente como un nacimiento de un río, haciendo una gran mancha e impregnando el ambiente de un hedor a hierro. Juanita le cegó la vida a quien le dio vida, tras encontrarla en el psiquiátrico. Cuando los vecinos acudieron tras los ruidos en la casa Valder, vieron a Juanita con el arma en una mano y en la otra un cigarro fumado a medias, mientras farfullaba que era libre. Tanto deseo su antigua vida, que en el mismo pabellón psiquiátrico donde vio por primera vez al doctor Valder, pasaría el restó de su vida, añorando jugar en la granja de Portland donde pasó su infancia.
Un día cualquiera, preparó café negro, se puso una bata blanco, se pintó los labios, se trenzó el cabello y se sentó en una silla de la sala frente a la puerta de entrada, tomó sus cigarrillos y empezó a fumarlos uno a uno, esperando que fueran las 7 de la noche. Apagó la luz y solo el rojo de su cigarrillo se iluminaba mientras aspiraba grandes bocanadas que incrementaban su determinación a hacer lo que iba a hacer. Pasaba las 7 y 30, las luces del automóvil del doctor resplandecieron la sala al entrar por el gran ventanal con motivos católicos. Escuchó como la puerta eléctrica del garaje se abría, dándole paso al automóvil que se detuvo antes de chocar con la pared. Había sido un día arduo de cirugías y de consultas de pacientes y el doctor solo tenia en su mente cenar y dormir, pero no dormir para siempre. Así que sacó las llaves de su portafolio y abrió la puerta de su casa, donde hallaría a su amada esposa. Juanita aspiró el humo del cigarrillo, miró como su esposo abría la puerta y se posaba en medio de esta, deshizo su carrizo sacando una pequeña arma que escondía celosamente. Hola amor, pronuncio con desprecio, propinándole tres impactos de bala en su frente. El cuerpo del medico cayó impactando el piso de cerámica. Y la sangre emanó de su frente como un nacimiento de un río, haciendo una gran mancha e impregnando el ambiente de un hedor a hierro. Juanita le cegó la vida a quien le dio vida, tras encontrarla en el psiquiátrico. Cuando los vecinos acudieron tras los ruidos en la casa Valder, vieron a Juanita con el arma en una mano y en la otra un cigarro fumado a medias, mientras farfullaba que era libre. Tanto deseo su antigua vida, que en el mismo pabellón psiquiátrico donde vio por primera vez al doctor Valder, pasaría el restó de su vida, añorando jugar en la granja de Portland donde pasó su infancia.
lunes, 11 de junio de 2012
Charlando con Kopp.
En mi ultima travesía por el país, tuve la oportunidad de ir al Cementerio Central de Bogotá. Tenia ansias de conocer a dos personajes en especial, uno de ellos a Francisco Santander, compañero de batalla de Simón Bolivar. Santander fue apodado el traidor de la patria, es que a veces cuando no sigues las ideas por más disparatadas e indignas que sean, te acusan de traición. Y el segundo, a Leo Kopp, un alemán que fundó la cervecería Bavaria. El señor Kopp acostumbraba a escuchar los problemas de sus trabajadores y les ayudaba a resolverlos, por lo tanto, junto a mi amiga y lectora de este blog, Daniela Gonzalez, fuimos a pedirle ayuda en nuestras carreras de medicina. Confío que el señor Kopp nos haya escuchado y nos sonría desde el cielo con un poquito de su generosidad.
Gracias señor Kopp.
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