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martes, 14 de julio de 2015

14 de Julio, 3 años después.

Hoy es 14 de Julio. Hace 3 años sentí mucho dolor ese día. Se me quebró las fibras más fuertes de mi ser. La tragedia hecha comedia, la comedia hecha drama, el dolor hecho dolor. El lenguaje oculto del alma. No sé muy bien porque fui tan ciego, era tan evidente todos los acontecimientos que se venían. Vivir en una coraza no ha sido lo mejor, incluso ni en una burbuja. Cuando alguien te convierte en una persona diferente, cuando te marca como las vacas o el rastro de un accidente donde la cicatriz puede ser grande, pequeña o desagradable a la vista. Solo quien lo vive lo entiende a tal punto de romper a llorar, gritar y plañir. La tristeza se viste de odio y el odio de impotencia!

Hay muchas cosas que alguna vez en todos estos 3 años yo he pensado! Vaya tres año ya! Tal vez sea yo el único que me acuerdo, tal vez yo sea el único a quien en verdad le dolió. El poder de la limerencia. ¿Como uno puede llegar a ser más fuerte o no, frente a las rupturas?. El tiempo! Este amigo que nos ayuda o perjudica.

Neruda decía que el amor puede ser corto, pero es más largo el olvido. Es cierto. Completamente cierto. Y esta es mi pregunta concreta.... ¿Como hiciste para olvidarme en días? ¿Por que tu vida no cambio como la mía? ¿O si? Si es así... te pregunto. ¿Cuanto tiempo tardaste para volver a amar? Según mis cuentas más exactas tardaste dos horas! 2 horas! Tras 10 meses de amor! y 3 meses más de conquista. ¿Es justo?, no lo es, no lo será. ¿Como pudiste ser tan arrogante, orgulloso y déspota?
Y las buenas cosas se fueron, el sol, las tardes, los consuelos y las llamadas en la noche que duraban más de una hora. Corría el tiempo y las lineas de la vida se cruzaron y se formó una historia nueva, un idilio! Si, como no!

Yo me quedé solo. Solo. Te fuiste sin darme la oportunidad de decir adiós. El amor no es una cosa simple que viene y se va. Nunca comprenderé porqué no te atreviste a ser sensato con la persona que te ayudo a encontrarte en el camino... Gracias? Bueno, eso hubiera sido al menos un como mejor, pero no... fueron palabras que se me grabaron en la mente como la tabla del uno. Tu crees que tendría quien curarme las heridas tras tu partida, creíste que al igual que tu, yo saldría con la primera persona que me dijera hola, me sonriera o me diera su hombro para llorar?. Tocar fondo, aplastado, vomitado, ensangrentado, sin saber los porqués, mientras tu te vestías de felicidad, yo me encargue de enredarme con la soledad. No te imaginas como era vivir con temor, vivir con todo el amor pudriéndose en el alma, abscedado, fistulado. Sentía latir el corazón al escuchar tu nombre, una cancion que me recordaba un instante de ti o contigo y al abrazar la almohada... Pero ya no latía por esto, no tenia refugio, ya no eras mi todo, mi amor, mi alegría, mi paz, mi consciencia y mi super Yo.  Respondeme una vaina... ¿como pretendías que yo iba a volver a confiar? Ocultaste la verdad! Tus verdaderos sentimientos, tu verdadera faz... esa que me encargue de maquillar a mi momo! Con quien pretendía pasar cada uno de mis días.... la paz y la tranquilidad que a tu lado pase,jamas volvió! Mirarme al espejo y recordar como lloraba de amargura rodeado de vidrios y de tus dibujos, esos dibujos japoneses a los que me sometí aprender a disfrutar, a entenderte el nipones hedor de tus besos, los silencios a tu lado mientras conducías por las calles infestadas de humanos, mientras los dos dentro del auto nos sentíamos en un carruaje gris. Tu eras tu, yo era yo, juntos eramos todo. Juntos. Mi pecado fue amarte a la distancia, amarte más de lo que yo me amé, darte más de lo que podría! Soportar tu soledad, dormir solo, sentir el viento a través de tus llamadas, tus abrazos largos en la estación, la mano que desaparecía en la ventana cuando cruzaba la calle frente a tu casa, las flores del camino, los pasos sin pisar la linea, las sabanas blancas y el olor a aceite de naranja. A donde se fue todo esto? A mi mente pueril, a mi mente dañada, a mi mente sin cielo, a mi mente enamorada. Si te viera de nuevo, no sé que haría. ¿Sonreirte? Decirte...ya estoy bien, me cure del cáncer!.... pero mira las cicatrices... las que dejaste, directa e indirectamente. Mis miedos y temores están aquí.... sigo siendo trasparente. Me cansé de vivir en ese puente, mendigando, siendo el ultrajado, el desperdicio, ¿por que me hiciste amarte tanto?. Victima y victimario? Por que ser así.... antes eramos uno solo, hermanos, amigos, un todo! Perdiste la inocencia a mi lado y sentiste más de una vez mariposas por mi.... luego por otro y otro.... pero no me soltaste, ¿querías mas mi alma o mi cuerpo?. Que tan difícil pudo ser evitar todo el dolor.... unas cuantas miseras palabras bastaban... no tenias que convertirme en Hiroshima. Te llevaste lo más preciado, te llevaste la oportunidad de volver a confiar en alguien, te llevaste el respeto... ¿A donde? No sé.... he tratado de recuperlo, pero apareces como carcelero, con una risa sardonica... No, Jorge... No. Una manta negra se apodero de mi. El miedo. Difícil fue dejarlo. Constante lucha sin par. Sé que las derrotas nos hacen mejor, nos hacen persona. Yo te brinde todo de mi, TODO. No era la forma de pagar, pero tranquilo. No te voy a cobrar. Quiero que sepas que por fin lo estoy logrando, que he sido mejor, que me regenero cada día, que avanzo y me esfuerzo! Sé que nunca voy a encontrar a alguien como tu que haga que todos mis sueños se cumplan, no seras tu más mi hada azul, pero cuando tu lo fuiste! Que felicidad!

Mi vida es otra. Soy otro. Extraño a veces a ese niño ingenuo que viajaba por un beso, a ese que abrazaba la almohada y decía... ya casi nos veremos. Ese que tenia la esperanza sublime de unir su vida a alguien casi perfecto, a un ángel de cabellos dorados, cicatrices de varicela en los labios y una sonrisa de vale un millón. Pero tres años después, recuerdo la agonía que sentí, el dolor que me partió, como la muerte misma, el día que el espacio tiempo se rasgó. Cuando parta de aquí, pronto, empezara otra vida, otro libro. No quiero que seas parte de éste. Las heridas sanaron, el amor volvió, la confianza volvió, el respeto volvió. No sentí la necesidad de desconfiar, la necesidad de sentirme menos. Una enfermedad en mi cabeza hace que se prolongue, que la atracción romántica sea más fuerte. Que se yo, pero así es. El de la sonrisa en los ojos... Mis ojos.

Hoy 14 de Julio de 2015. Te digo adiós para siempre. Esta fecha es difícil de borrar. Pero es necesario. Ya no me sirve de nada recordarla. Solo usarla como separador, para decirme a mi mismo: ".... Que no pase de nuevo, bueno.... Eres importante, y es necesario que estés aquí". Si no fuera por ti, nunca hubiera conocido tanta gente magnifica, no hubiera salido de esa burbuja, no hubiera pensado más en mi, en mi familia y mis sueños. Si no fuera por ti, nunca hubiera conocido de nuevo el amor... el amor idílico, el amor de la limerencia y el amor del mundo de las ideas. Si no fuera por ti, no hubiera seguido luchando por mi, luchando por mis sueños. Si no fuera por ti, la soledad seria como vudú, navegando por el mundo o parado en el puerto contemplando el mar, esperando convertirme en espuma. Es un día de dos mundos, como si fuera el antiguo y nuevo testamento. Cambiaré para bien, mejorare el piso de mi maquina fantástica. Y cada mañana sonreír, porque es lo más bonito que nunca debí perder. 

viernes, 22 de marzo de 2013

Es ella que vuelve.

Tan ilustre y déspota. No sé qué es, entonces, lo que tú deseas, en que te empeñas en ser conocida. Tú que habitabas la oscuridad ahora limitas el desprestigio. Siempre deseando un beso más, uno de más. Deseando una caricia, una de más. No te conformas con lo que te ofrece el de turno, cada vez más y más deseos insaciables de amor. Para ti, el amor y el romance es efimero. Uno tras otro, tras otro, enfilando un ejército que entra cada noche a tu cama y te despoja de virtud. En eso te has convertido querida, en una insaciable que solo acumula rencores, pasiones y deseos de poseer un trofeo de la más meretriz. 

Eres un vampiro que se alimenta de besos, de caricias, de los gélidos suspiros y luego como si el tiempo te marcara el fin de la cena, en ese desesperado afán de amar, te marchas con otro al que empiezas de nuevo, a mendigar un poco de su ser, de su pasión y deseo. Son acaso lindas tus acciones, querida, pregúntate. Aquellas acciones que tienes con tus pretendientes, aquellas de viajes y cenas, de flores y prendas, de joyas y coronas.

Arrojas esas prendas que adornaron tu cuerpo durante el día y buscas incansablemente un cuerpo a quien pedirle abrigo. No quedan vestigios de lo que alguna vez pude ver, ya no eres la misma tierna chica de la cual perdidamente me enamoré. No sé lo que eres. No me atrevo, por más que lo niegue, a manchar tu buen nombre. Siento respeto no por tu inmundo ser, no mancho tu nombre por lo que algún día fui a tu lado, guardando ese recuerdo como la única muestra de afecto verdadero que existió en ti. 

Dices ser grande, cuando apenas si puedes gatear, pides ser amaba cuando solo dañas corazones. Eres fría y malvada, como las mañanas después del invierno.

Me pregunto si acaso deseas ser un personaje que refuerza esa protección que impide ver cómo eres, que impide escuchar tu voz, tu verdadera voz y solo esas estúpidas frases pre-formadas, de conocimiento robado Me pregunto acaso quien fue quien te daño que tuviste que refugiarte en ese personaje tan odioso. No creo que tanta mezquindad sea de tu ser, alguien tuvo que sembrarla y te empeñas en que carguemos algo de lo que estas cosechando. Pues no. Me niego a ser parte de tu melancólico juego, ese de mentiras y de tardanzas,  ese que juegas con todos. Pues ya no. Apártate de mí, deja ya de imaginar que soy un peón que recorre tu campo, pues el único campo que quise recorrer fue tu cuerpo y mis golpes eran besos, pero te negaste. Así que asume las consecuencias de dejarme ir, pues no estoy dispuesto a volver, si así fuera el caso.

Pasaran muchos por tu cama, muchas noches de pasión, muchas formas de pensar que logren estimularte el cerebro, creerás que has amado, pero al final, cuando cansada y enlutada te desprendas de ese lecho, descubrirás que solo hizo falta una sola persona y no esos diez, esos 100 o esos mil hombres para descubrir la afligida imagen de una mujer que solo buscó el deseo, que pensó que amaba, que creyó encontrar su felicidad, aquella felicidad que perdió la misma noche que decidió confundirse en las sabanas con cada amante seducido a sus pies. En esa noche que confu

viernes, 15 de junio de 2012

Lagrimas de sangre.


Tan feliz que se le veía. Tan unida a su familia. Con sus vestidos de los años 50 traídos a la modernidad, algunos imitando el estilo de Jackie Kennedy, siempre maquillada y lista para salir. Catando vinos, riendo y paseando de la mano de su esposo, el prestigioso medico, el doctor Eduardo Valder. Era ella, Juanita Valder, quien ahora con unos años de más se sentaba a mirar el sol de la tarde sin nada que hacer, con una tasa de café fría y amarga, recordando el pasado, añorando sueños no cumplidos y esperando a que su esposo y única hija regresaran a casa o al menos la llamaran para decirle que el trafico estaba insufrible y tardarían en llegar. Cada día se había vuelto igual, sabia que era fin de semana por que su hija Lucia Valder no hacia ruido al marcharse al instituto y que iniciaba el Lunes, porque la casa quedaba vacía. Las únicas exhalaciones que hacia durante su eterna estancia en casa eran suspiros. Ya no llevaba el cabello lacio y planchado sobre sus hombros, no se ponía las perlas que su madre le había regalado cuando se comprometió con el medico y su barniz de uñas ya no estaba tan a la moda. Podría decirse que la mujer del aseo se vestía y se veía mucho más presentable que ella. Su tristeza se había hecho más grande, cuando su esposo empezó a dar conferencias por el país, pues había logrado un gran hallazgo en el campo de las neurociencias y le requerían más a menudo, y pues el doctor Valder se había negado a renunciar a su ardua labor en el hospital; por lo tanto Juanita había pasado a otro plano, el del hogar y ya no era digna de presentar en los eventos a los que asistían en la semana. Se lamentaba no haber terminado su carrera. Hubiese sido magnifico estar en el hospital entre pacientes, pensaba con melancolía. Siempre quiso ser pediatra, pero cuando cursó pediatría se desilusiono al ver morir en sus manos a un recién nacido y entró en una crisis que consiguió sacarla de la facultad, permaneciendo en el pabellón de psiquiatría hasta que su esposo la encontró y empezó el romance. Tal vez pensó que seria bueno ser una mujer promedio que se quede en casa a cuidar a los hijos, verlos crecer y compartir con ellos, para ser una excelente madre y darles una feliz infancia como la que tuvo en una pequeña ciudad del sur del país. Pensó. Pero en realidad no había sido así. Antes de que su hija naciera, ella bailaba y disfrutaba de la vida nocturna fuera con o sin su esposo, pues las esposas de los médicos del hospital salían con frecuencia a costillas de los sueldos hospitalarios. Juanita no era derrochadora, pues no tenía la necesidad de depender de su esposo, ya que era la única hija de un empresario de origen catalán y de una enfermera, que le dieron cuanto pudieron. Cuanto añoraba su antigua vida, cuando se llamaba Juana Antonia Borell Ripoll-Rizo y disfrutaba de los pastizales de su vieja granja en Portland, donde aún era independiente y tenía autonomía sobre ella misma.

-¿Qué podría decir de mi esposo?, bueno, es un hombre trabajador, amoroso, muy dedicado a su trabajo, es… algo molesto a veces que no este en casa. En si es un buen padre. ¿Me lo preguntas?, claro que aún lo amo, ¿Por qué debería de dejar de amarle? No, definitivamente no, Eduardo solo me quiere a mí. Lo sé, lo sé. A todas no nos tiene que pasar eso, porque a ti te haya pasado, no sig… perdón. Olvido que no debemos tocar ese tema. No te vayas, quédate a cenar, preparé algo. Está bien nos veremos después.

Su hija ni la determinaba, Juanita alguna vez creyó que solo era un útero y ya, nada más. Su hija era muy buena en el instituto y lo único semejante que tenía era su sonrisa, el resto de Lucia era el vivo retrato de las mujeres de la familia Valder. Los Valder, que familia tan dispareja. Una familia aristócrata de creencias políticas de principio de siglo, con un solar enorme, donde cada fin de mes, el desfile de vestidos y pavas de todos los estilos adornaban el pasillo donde se sentaban a conversar. Su suegra no hablaba, una cirugía de tiroides había destruido uno de los nervios que les daba vitalidad a sus cuerdas vocales y solo mediante ademanes y pequeñas sonrisas lograba trasmitir a su progenie cuanto pensaba, y aunque alguno que otro sonido gutural se escapaba, la familia viraba la atención a ella, esa mujer que los había criado sola, sin dejar atrás su posición social, pues su esposo había fallecido cuando cabalgaba de noche por los linderos del solar.
Un cero a la izquierda era más poderoso que ella. Sin un detalle, sin ya una caricia o insinuación de su tan ocupado marido, pasaba su deplorable existencia entre los diplomas, libros y fotografías familiares. Tenía presente cuantos días habían pasado desde la ultima vez que su doctor la hubiera examinado, cuantos días exactos habían pasado desde que dejo de despedirse con un beso en la boca a un beso en la mejilla, luego un beso en la frente y terriblemente un adiós desde la puerta de la habitación. Una tarde empezó a fumar y así mitigó un tanto su soledad, luego empezó a beber cada una de las reservas de vino, y después dejo de maquillarse y usar los vestidos de diseñador. Parecía una deplorable anciana que no se asomaba a los 40 años, con una bata salmón que le cubría el pecho y dejaba entrever unos muslos que habían podido ser de exhibición. Con ojeras y unos cuantos cabellos rubios cubriéndole uno de sus ojos, preparaba café para todo el día y lo tomaba amargo, sentada en esa silla mohosa de tanto humo exhalado en ella. Se rascaba la cabeza con amargura y se espantaba una que otra mosca que se le acercara a su cabeza. Parecía inerte. Un ente. Y vio con desilusión como sus amigas ya no la invitaron más a departir.
Se preguntaba vehemente cada tarde, cuando despertaba de su sueño inducido por los fármacos recetados por su esposo, que había hecho mal y como salir de ese agujero negro que llamaba vida. Y comenzó a pensar en acciones oscuras, algo que una mujer de su clase no haría, en cosas que ni cuando estudiaba medicina se le pasaron por la mente. Su marido era el culpable. Su marido la había absorbido. Su marido nunca le dio su lugar y solo era un útero, únicamente utilizada para concebir.
Un día cualquiera, preparó café negro, se puso una bata blanco, se pintó los labios, se trenzó el cabello y se sentó en una silla de la sala frente a la puerta de entrada, tomó sus cigarrillos y empezó a fumarlos uno a uno, esperando que fueran las 7 de la noche. Apagó la luz y solo el rojo de su cigarrillo se iluminaba mientras aspiraba grandes bocanadas que incrementaban su determinación a hacer lo que iba a hacer. Pasaba las 7 y 30, las luces del automóvil del doctor resplandecieron la sala al entrar por el gran ventanal con motivos católicos. Escuchó como la puerta eléctrica del garaje se abría, dándole paso al automóvil que se detuvo antes de chocar con la pared. Había sido un día arduo de cirugías y de consultas de pacientes y el doctor solo tenia en su mente cenar y dormir, pero no dormir para siempre. Así que sacó las llaves de su portafolio y abrió la puerta de su casa, donde hallaría a su amada esposa. Juanita aspiró el humo del cigarrillo, miró como su esposo abría la puerta y se posaba en medio de esta,  deshizo su carrizo sacando una pequeña arma que escondía celosamente. Hola amor, pronuncio con desprecio, propinándole tres impactos de bala en su frente. El cuerpo del medico cayó impactando el piso de cerámica. Y la sangre emanó de su frente como un nacimiento de un río, haciendo una gran mancha e impregnando el ambiente de un hedor a hierro. Juanita le cegó la vida a quien le dio vida, tras encontrarla en el psiquiátrico. Cuando los vecinos acudieron tras los ruidos en la casa Valder, vieron a Juanita con el arma en una mano y en la otra un cigarro fumado a medias, mientras farfullaba que era libre. Tanto deseo su antigua vida, que en el mismo pabellón psiquiátrico donde vio por primera vez al doctor Valder, pasaría el restó de su vida, añorando jugar en la granja de Portland donde pasó su infancia.